miércoles, 12 de octubre de 2011

Recortes

Recortes propios, recortes ajenos

Antonio García Velasco

La guerra política de los recortes entre recortadores proporciona un chirriante espectáculo. “Los recortes que yo hago son justos, justificados, justificables, absolutamente necesarios. Los que haces tú no tienen ningún fundamento, son abusivos y merman los derechos ciudadanos ya consolidados”. “Los recortes que haces tú son contrarios a los derechos. Los recortes que hago yo son los más adecuados para salir de la crisis”. “Estás haciendo tú demasiados recortes sociales”. “Los recortes sociales los comenzaste tú: que si sueldo de los funcionarios, que si pensiones, que si cheque bebé…” ¿Por qué no nos ponemos todos -¡todos!- de acuerdo en los recortes necesarios para solucionar los problemas? Y los explicamos con claridad, que no somos tontos los ciudadanos.

Los políticos y financieros nos arrojaron al pozo de la crisis y, para achicar aguas, sólo se les ocurre ahogar más a los propios damnificados. Y hablamos del político, cara visible de la economía, pero no de la cara oculta de la Luna. ¿Quiénes están sacando beneficios millonarios de la crisis?

El político raramente recortará contra el político, aunque reconozca que una mejor solución sería suprimir gobiernos y gobernantes, privilegios de profesionales de la política, senadores y subvenciones a quienes actúan de tontos-útiles-apoya-tinglados. El político irá contra el pueblo, como si la función del gobernante fuese la del pastor esquilador de las ovejas. No se reconoce el político como un empleado del pueblo, tal como el administrador de fincas urbanas lo es de la comunidad de vecinos que lo contrata para gestionar los asuntos de la misma. Se reconoce como un ser superior, poderoso, por encima de quienes lo votaron, dueño de sus vidas y milagros, como si “la gracia de Dios” lo hubiese tocado con sus luces y privilegios. Llevan en la sangre aquella arrogancia de “caudillo por la gracia de Dios”, por más que disimulen con halos de demócratas y tengan que aceptar las fechas de la caducidad de sus puestos. Claro que, para amarrarse a éstos, utilizan la legislatura para comprar voluntades y extender las redes de “los intereses creados”. “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo –y primero mi casta y yo que soy la cabeza del pueblo-” es la consigna que subyace en muchas actuaciones políticas, pero en despotismo que llega a ser más cínico que ilustrado.

No obstante, tenemos que contar con los políticos para salir del pozo crítico en el que nos encontramos. Y votaremos a los políticos.

No obstante, hay yogures caducados que seguirán caducados por mucho que se borren y renueven las fechas de caducidad.

No obstante, siempre habrá gente que, en situación peor, lamentablemente, tengan que recoger de la basura los yogures caducados, con la esperanza de que no perjudiquen su salud.

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