miércoles, 1 de junio de 2016

Entrevista a Carlos Guillermo Navarro

Entrevista a Carlos Guillermo Navarro
Antonio García Velasco

Carlos Guillermo Navarro es un novelista indiscutible. Lo avalan sus obras: El toque de rebato (1999), Por la ruta de los mares (2002), Apuntes de una crónica negra (2006), El paraíso de las flores marchitas (2013) y el libro de relatos Crónicas narradas, cuya primera versión es de 1977 y la segunda de 2009.
Carlos, aunque natural de Utrera (Sevilla), ha trabajado y vivido en Málaga desde 1970. Gran aficionado al cine (ha dirigido durante muchos años el cine fórum del Ateneo de Málaga) y al teatro: en 1972 fundó el grupo “Cascao” que llevó a cabo numeras representaciones de obras diversas.
Antes de contestar a las preguntas, ha preferido hacer una breve introducción:

Introducción
             Como breve introducción diré que en los apartados que contiene el cuestionario me voy a referir a la novelística o al relato, dejando a un lado mi producción teatral, que igualmente es un modo de expresión literaria pero donde se plasma el arte también con la escenografía. El texto en el teatro depende al final del montaje, o sea, de los actores, de los decorados y de los variados componentes de la representación. Cuando me refiero a la novela larga contemplo también el simple relato, aunque por su brevedad el ámbito estructural se someta a tratamiento distinto.

¿Qué crees que aporta tu obra literaria al conjunto de la literatura actual?
Sería demasiado pretencioso por mi parte especificar la aportación significativa dentro de un contexto tan enorme, ni siquiera aunque se tratase en uno básicamente más escueto. Lo que sí considero importante por mi capacidad de autor es hablar sobre la forma de mi narrativa que supone darle una dimensión especial al contenido, y puede suceder que quienes efectúen su lectura, les conduzca a plantearse el tema de la pregunta.
Muchas veces me han dicho, y yo lo he tenido a bien cuando me lo han preguntado, tus novelas y relatos no se pueden copiar por la forma que están escritos y los contenidos que desarrollan. Ni mucho menos pretendo que sean difíciles de leer, sino que tengan connotaciones que se acerquen a una narración que desemboque en una visión apartada de otros planteamientos autorales. Quizá lo deseable en cualquier obra es que quien la lea diga que está inmerso en una historia diferente, donde se traslada la estructura y el fondo a perspectivas desacostumbradas.
              Me formé en la cultura del cine y de la literatura, y hay elementos narrativos del primero que son buenos trasladarlos a la segunda; a fin de cuentas, el cine siempre ha bebido constantemente de la literatura. ¿Por qué no coger igualmente lo que contenga de particularidad este medio expresivo? Y pondré un ejemplo, una película desarrolla su recorrido con saltos de acción que no rompen su unidad y que a su vez hacen que intuyamos o sepamos lo que ha pasado, son huecos que quedan en el espectador para que inicie una actuación imaginativa, muchísimo más acentuada que en el desarrollo de una lectura. Es la visualización con que nos invade la película, y la descripción con la que se acompaña la novela. Y cabríamos preguntarnos ¿cómo crear una imagen viva a través de lo escrito? Por ello es bueno que se impregne con imágenes la novelística. Y así si en el cine se ve a una persona que pasa por detrás de unas casas y le persigue alguien, y luego vemos por la parte contraria aparecer al perseguidor con un objeto para una acción violenta, el espectador tiene imaginativamente que completar el espacio obviado y dotarlo del contenido correspondiente. 
             A mí en la narrativa me interesan estos saltos o huecos sugerentes que nos hacen intuir las cosas, así como abrir caminos diferentes en un punto determinado, aunque yo conduzca la acción hacia donde me interesa. Ejemplo en “Apuntes de una crónica negra”, la novela termina con una insinuación sobre el desarrollo de lo que va a pasarle al personaje central pero sin definirlo ni especificarlo. Acaba pronunciando la frase de “sintió como si le persiguiesen con un aliento pegado al cogote”. No obstante, una frase similar se encuentra al inicio, donde otro personaje siente ese mismo aliento, y a renglón seguido en el siguiente capítulo está muerto. No me interesa la tendencia del novelista a centrarse claramente en la muerte de ese personaje, pero sí hacer una solapada indicación del camino por donde se ha de seguir, aunque la acción no se haya completado. Se trata de matizaciones de la acción que recogen, de una u otra forma, algunos escritores. Nadie inventa nada.
            Por ello no puedo hablar de lo que aportan mis novelas y relatos, sino de las estructuras específicas de tratar los contenidos, que sirven para adquirir cierto tono novedoso. Me interesa de mi narrativa lo que conllevan en sí misma, nunca lo que aporta a la literatura actual, ni siquiera en cualquier otro ámbito regional o más reducido. Lo que si tengo presente es lo que por algunos se ha expuesto como un elemento fundamental de ella, que lo local se convierta en universal. O lo que es lo mismo, que identificándose mis obras con hechos concretos, alcancen perspectivas mucho más amplias.

¿Cuál consideras tu obra más importante? ¿Por qué?
            Hay una persona que cuando escribí la primera y la segunda novela, me dijo que cómo era posible escribir dos novela tan distintas. Hay otra que me aseguró a su vez, que se notaba que estaban escritas por un mismo autor independientemente de sus diferencias. Se trata de la exposición de una fórmula personal que me halaga cualquiera que sea el tipo de comentario.
          Ciertamente no podría afirmar cuál de mis obras es la más importante, sólo me pronuncio sobre la que me ha supuesto más trabajo, o cuáles son los componentes que me llevaron a realizarlas. Y esto que acabo de exponer no centra la pregunta a contestar de este apartado.
          Las novelas tienen sus dimensiones cuantificables en extensión que no tienen que coincidir con su valor, otras veces sus componentes y contenidos son semejantes a los de otros muchos escritores, y también es bueno decir que varios supuestos narrativos pueden quererse por igual. O sea toda novela debe contener las páginas que precise, nunca dimensionarla en exceso ni acortarla. Tengo reproducido constantemente, que el trabajo realizado en mis novelas, es de años, unas más y otras menos. Pero el resultado ideológico, formal y de respeto hacia ellas, ha sido siempre el mismo cuando las he concluido: mi satisfacción personal por creer que he escrito algo que merece la pena como fiel reflejo de una realidad que he visto y que la he conducido por el campo de la ficción, dado que se trata de una novela o un relato. Aunque siempre entiendo que la ficción debe tener ese punto de realidad o de verosimilitud. Decía un gran cineasta que lo que le preocupaba de las películas del espacio, era que el ser humano no fuera simplemente eso.
          La importancia está por tanto para mí, en la personalidad que uno le imprima. Yo podría informar que para la realización de mis novelas me inspiré en tan o cuál suceso, que me interesaba seguir el tema de una novela ya leída o que son cosas que me pasaron, pero garantizar que el novelista no se inspira en ningún supuesto o que lo narrado es fruto de la “creación”, me produce desconfianza porque parece que se está sacando de algún misterio celestial. Y es curioso porque ocurre, que una vez planteada mi narrativa de esta manera, nadie me ha hablado del modelo en el que me basé, porque en el fondo lo importante es que se haya constituido en una obra independiente sin que aparezca el reflejo aludido, o sea, como ya he afirmado, que sea distinta.
           La importancia que le doy, pues, es un concepto igualitario respecto a la totalidad de mi producción. Y me refiero que no sabría nunca elegir con un sentido preferencial a la otra,       anteponiéndose sobre todo el hecho de que el contenido tiene una única y exclusiva forma de aplicación por el autor que no deben ser desvirtuados ni cambiados, sino llevados a cabo tal como él los concibe y los representa.

¿En qué tipo de lectores piensas cuando escribes?

Se debe pensar únicamente en la historia que se narra y el desarrollo de la acción novelada. No pienso en ningún lector, porque ya estaría excluyendo a otros.
              En la escritura nadie debe traicionarse a sí mismo. Y esto lo hacen quienes piensan que una novela se hace para una búsqueda honorífica u ostentosa que englobe premios, editoriales importantes o un número de lectores fijados de antemano. Se debe pensar únicamente en la historia que se narra y el desarrollo de la acción novelada. No pienso en ningún lector, porque ya estaría excluyendo a otros. Además, la finalidad de cualquier publicación novelada, pretende, por lo general, que se convierta en la más leída del mundo. Cualquier otro planteamiento sería un tanto absurdo, porque nadie concibe trabajar en el campo artístico para conservarlo en un cajón. El hecho de ese extensivo conocimiento globalizador, es una ilusión que puede cuadrar perfectamente con una narrativa centrada por su autor en la aspiración de hacer únicamente lo que quiere, sin intentar hacer concesiones a un inmenso grupo de persona con sus dispares maneras de pensar. Y mucho menos pretender escribir las historias que hoy ofrecen una gran oportunidad de lanzamiento. Las personas se pierden con esa manera de escribir, y anulan su idiosincrasia, a pesar de que, a la larga, el tener como recompensa ser fieles a uno mismo, les lleve a muchos a quedarse en el olvido y en el silencio.
           Reconozco que la afirmación de que no me interesa fijarme en un tipo de receptor de mis novelas, sino en la posibilidad de que sea el mayor número posible de lectores, es una aspiración mucho más importante para mí. No puedo escribir con la idea de que vaya dirigida a un público en concreto, sino por el contrario al público en general, cualquiera que sea su estrado, sentimiento, edad o situación. No concibo nunca un lector determinado. Lo esencial es que quien quiera pueda coger el libro y leerlo, que es el proceso final para el que está escrito.
         Entiendo que es una idea que han abierto ya muchos escritores y artistas, pero desde mi punto de vista no puedo dejar de pensar en una realización a mi modo y, por ello, no excluyo a persona alguna, sobre todo si lo que pretendo es hacer visible la realidad e introducir al lector en el elemento testimonial que he desarrollado.
         En las presentaciones de mis novelas siempre me he dirigido a todas las personas. Sería excluyente que al estar hablando e intentando interesarles para que los asistentes al acto las lean, esté pensando solamente en algunos de los que se sientan en la sala, aunque sepa que enfrente haya personas que si deciden leerlas, que es lo que me agradaría, no les gusten.


Complementando la anterior cuestión: Perfil de los lectores que quisieras para tu obra.
       
De lo anteriormente expuesto se desprende que no escribo para un perfil determinado de lector,
no estoy condicionado por las cuestiones ideológicas, aunque las exponga, ni por ningún grupo de personas reunidas en un contexto social, ni por aquellos que no concuerdan conmigo y se sospecha que puedan no leer mis escritos, en este caso desearía que fuera todo lo contrario. Aunque rechacen mis obras por los motivos que sean, es bueno pensar que esos no admiradores las leerán porque se trata de una exposición que retrata la realidad como la siento y como la he visto y vivido. La vida en general, contada dentro del marco de la ficción debe de ser fuente de conocimiento para todos.
        Los que comulgan con mis pensamientos y mi forma de escribir,  percibirán en mi obra una cierta valoración al no tener discrepancias artísticas con ellos; aquellos que creyesen que no pudiera entretenerles, sería un buen momento para ser receptivos a lo ajeno y comprobar si en verdad lo que escribo les interesa o no.

Los personajes de Cervantes, cura y barbero, arrojan al fuego muchos libros y, con argumentos diferentes, salvan algunos. ¿Qué argumentos emplearías para defender tu obra si fuese acusada de falta de calidad y condenada por ello a la hoguera?
         El cariño que profeso a mi escritura quizá pudiera llevarme a enfocar esa decisión en el sentido de que en vez de que quemen algún pasaje de mis novelas y relatos, que metan en la pira al autor.
         Respecto a mí, lo siento. No se trata de un narcisismo imposible de desprendérmelo, es que cuando termino una escritura es porque he borrado, quitado, ampliado, unificado, veinte o treinta veces el texto de la novela o del relato. O lo que es lo mismo, si sé que hay algo que no me gusta, después de múltiples revisiones, lo quito sin contemplación porque no debe quedar. Cuando realizo algunas de mis narraciones me fundo en la totalidad con ellas.
        La defensa que haría, además de lo expuesto, es que cualquiera de mis historia contadas pretendo que forme parte de la realidad que me ha tocado vivir y por tanto que sea testimonio de nuestro tiempo.
        Como anécdota diré, que cuando me comunicó una editorial de cierto renombre que para publicar una de mis obras tenía que quitar algunos párrafos y frases del último capítulo, le dije que no, que no se le tocaba una coma. Lógicamente no se publicó.
        Es evidente que habrá autores que tienen preferencia por ciertos capítulos, párrafos o frases de sus novelas, pero yo no puedo separar la parte del todo. Es el conjunto de la historia, página a página, lo que al final la pone en valor o la desacredita.


Muchas gracias por tus respuestas.







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