domingo, 4 de abril de 2021

060 Microcuento LOS HUEVOS DE LAS TORTUGAS MARINAS

 

Los huevos de tortugas marinas

Antonio García Velasco

    Estaban atentos a la época de huevar las caguamas o tortugas marinas. Iban a desenterrar los huevos a la playa y, con los mismos, preparaban unos potingues aderezados con salsas y especias, para servirlos crudos, anunciando su poder afrodisiaco.

—¡Leyendas! —exclamó Rosa—. No tomaré ese brebaje
ni soñando.

En ese momento, los senderistas tratábamos de cruzar un arroyo por la pontana o losa que cubría el cauce. Se hundió al pisarla aunque íbamos de uno en uno. No obstante, vencimos la dificultad y pudimos continuar la ruta trazada. Llegamos, por fin a la instalación playera donde servían los huevos de tortuga y donde nos alojábamos en bungalós.

—Rosarito, tú cierras los ojos y te tragas el bebedizo sin pensar.

—No me lo tomaré por nada del mundo. Además, lo he visto en un video: esos huevos tienen mucho colesterol y pueden contener minerales cancerígenos o tóxicos debido a los peces o animalitos que ingieren las tortugas. ¡Todo está contaminado, amigos míos!

Carlos, la pareja de Rosa, se tomó uno y repitió encantado, seguro de sus poderes energéticos potenciadores de la libido.

Ignoramos si por sugestión o por efectos reales, pero, según pudimos apreciar a través de las finas paredes del bungaló, la inspiración de Carlos tuvo que llegar muy motivada y Rosa experimentó un recitado de poemas que fue más allá de lo esperado.

A la mañana siguiente, se comentó que, en las otras dos parejas, la noche había pasado en la normalidad. Y hubo bromas sobre "las malas condiciones aislantes" de los alojamientos.

Pese al rubor de Rosa, nos absolvieron de las cargantes risas de nuestra celebración antes de emprender el recorrido de la nueva ruta senderista programada.

Al regreso, todos estábamos seguros de lo que Carlos iba a tomar, pero nos sorprendió el hecho de que Rosa, aun con cara de asco, tomó lo mismo.

 


viernes, 26 de marzo de 2021

059 Microcuento EL MATRIMONIO MORGANÁTICO Y LOS CANDILES

 

El matrimonio morganático y los candiles

Antonio García Velasco

 

Discutían sobre la idea de que hablar de matrimonio morganático, en estos tiempos de luces eléctricas, era algo semejante a alumbrarse con candiles o quinqués. Se prendió en tanto ardor que, al llegar a casa, el marido tuvo que aplicarle cataplasmas fríos para calmarle la fiebre.

—¿Hablar hoy de linajes inferiores? —preguntaba con vehemencia.

—Siguen existiendo diferencias sociales. Si lo prefieres, diferencia de clases. 

—Unos tienen más dinero que otros, pero, ¿linajes? ¿Nobles y plebeyos? ¿Príncipes y lacayos? Dispones de luz eléctrica y te alumbras con un candil —gritó.

El marido le dijo, ya de vuelta al hogar: "La conversación derivó a cháchara".

—¿Inútil? ¿Consideras que la charla que hemos tenido ha sido frívola, nimia, inútil?

—Cháchara.

—Mariola tiene todavía ínfulas de nobleza y considera a su marido de clase o linaje inferior.

—¿Y qué más nos da?

—¡No se pueden usar hoy términos obsoletos! Matrimonios morganáticos... ¡Valiente incongruencia en los tiempos actuales!

—¿Es para ponerse como te has puesto?

—Es que no lo soporto, Manolo, es que no lo aguanto.

—¡Cálmate!

No hubo calma. Tanto se sofocó que, al somatizar la irritación, comenzó a dolerle la cabeza y a subirle la temperatura.

Lo primero que hizo al día siguiente fue escribir un mensaje en el móvil para Mariola: "En la actualidad no se suelda el oro con crisocola. Ni nos alumbramos con quinqués". Fue después a encender la vitrocerámica y no había corriente. El móvil anunciaba batería baja y no podía recargarlo. El televisor no funcionaba, ni tampoco el ordenador. En la radio de pilas pudo escuchar que, debido al temporal, una avería en el tendido eléctrico había dejado sin suministro un amplio sector de la ciudad. Tardarían más de dos días en la reparación...

Aquella noche tuvieron que alumbrarse con linternas y, a la siguiente, agotadas las baterías, con velas. Si la reparación se retrasa, ¿habrá que recurrir a los candiles o quinqués?

 

 

martes, 16 de marzo de 2021

O58 Microcuento EL VEREDERO

 

El veredero

Antonio García Velasco

 

Enfáticamente decía que él era el veredero en la paz y en la guerra. Lo más espantoso que le ocurrió tuvo que ver con la lectura improcedente de un documento. No tenía que haberlo leído, pero... En el escrito se hacía una lista de los caídos en la batalla y, en tal relación, con su nombre y apellido, figuraba él.

—Pero yo estoy vivo —se dijo— O, acaso, estoy muerto y no me he dado cuenta. Y me creo vivo, cumpliendo mi misión de repartir informes.

Cuando se presentó al comandante estaba temblando. Le entregó el parte.

—¡A sus órdenes, mi comandante! Si no tiene otra misión para mí...

El oficial estaba leyendo la lista de los caídos y no respondió de inmediato.

—¿Por qué figuras entre los muertos, Peter? —le interrumpió.

—Lo ignoro, mi comandante. Debe tratarse de un error...

En ese mismo instante, el proyectil de un bazuca hizo explosión cerca de ellos y el soldado, veredero Peter, fue arrojado contra la pared por la onda expansiva.

 


domingo, 7 de marzo de 2021

057 Microcuento TIEMPO DE SETAS

 

Tiempo de setas

Antonio García Velasco

 

Iba con su padre por el bosque buscando setas. Recoger setas puede ser peligroso si no se sabe distinguir las venenosas de las que no lo son. Pero su padre era un experto y él siempre le preguntaba antes de coger las que iba encontrando.

De modo inesperado, apareció el guardabosques.

—Está prohibido andar por aquí y recoger setas.

—Disculpe. ¿Desde cuándo esa prohibición? Llevo viniendo muchos años y nunca nos habían dicho nada. Incluso el año pasado, el guardabosques, su compañero, nos ayudó a llenar la cesta.

—Ya le he dicho que está prohibido coger setas.

—Pero...

—Ni peros ni cuartos. Tenéis que dejar las setas y largaros de aquí. Y es más, me tenéis que pagar la multa de cincuenta euros.

—¡Qué te lo has creído! Vamos —dijo el padre, tomando de la mano al niño y empezando a correr.

El guardabosques echó mano a la escopeta que llevaba al hombro. Dobló el cañón, introdujo dos cartuchos y apuntó a los huidos.

—¡Alto! He dicho alto —disparó al aire.

Padre e hijo ya se habían perdido entre los árboles.

—¡Malditos intrusos! —se dijo el guarda—. Son los séptimos que espanto esta semana. Seguro que llevan la cesta llena y, entre unos y otros, con lo que me gustan las setas, no me van a dejar ni para un buen plato.

 

 

 

Versión de Juanjo

 


TIEMPO DE MARGARITAS

Juanjo Pérez García (9 años, cuarto de primaria)

 

Érase una vez una niña morena, guapa y apuesta que le encantaban las margaritas. Su padre la llevo a un campo de margaritas y empezaron a coger un ramo para su madre. Cuando estaban cogiendo, un hombre corpulento, grande, musculoso y muy fuerte apareció.

—Aquí no se puede coger margaritas— dijo.

—¿Cómo que no? —gritó Pepe, el padre de la niña— Como yo me llamo Pepe, aquí se pueden coger margaritas.

—Que les estoy diciendo que no —dijo el hombre con cara de pocos amigos.

—Hija, vámonos de aquí —dijo Pepe

Corrieron muy rápido hasta que estuvieron fuera del alcance del hombre.

—Este es el décimo que se me escapa, seguro que lleva el ramo completo. Al final, no me van a quedar buenas margaritas a mí para llevar un ramo a mi mujer.

 

martes, 2 de marzo de 2021

056 Microcuento DESACUERDOS LINGÜÍSTICOS

 

Desacuerdos lingüísticos

Antonio García Velasco

 

La cuestión podría tener su gracia si ello no fuese motivo de discusiones y disgustos. Cuando hablaban de chambergo ella pensaba en un sombrero y él en una chaqueta larga a modo de casaca. ¿Llegarían alguna vez a ponerse de acuerdo en el significado de las palabras? ¿Quién garantiza que tal diferencia no se extiende a otros muchos términos?

—No hablamos la misma lengua aunque tengamos el mismo idioma.

Para ella cimarrón era el título de una película de 1960, dirigida por Anthony Mann, con Glenn Ford y María Schell, Al escuchar la palabra evocaba a Yancey (Glenn Ford), una especie de quijote que participó en varias guerras por ideales de justicia. A él, sólo le venía a la memoria un perro que se escapó de su casa materna y se convirtió en montaraz agresivo. ¡Bien que sintió su pérdida! Bien que lloró al enterarse de que lo habían matado de un disparo por haber mordido a una niña.

—Nadie puede oprimir a otra persona porque no esté de acuerdo con ella en el significado de las palabras.

—¿Quién oprime a quién?

—Lo digo más por ciertas actitudes y comportamientos políticos.

—Pero, nosotros, tú y yo, estamos llamados a entendernos. Por tanto, es mejor que busquemos las palabras que tengan el mismo significado para los dos o que nos pongamos de acuerdo sobre el sentido en que las estamos empleando. Ten en cuenta también que, a veces, se entienden las palabras pero no el alcance d
e las mismas. A veces estamos diciendo cosas idénticas con palabras diferentes que, por tanto, nos pellizcan y nos queman en el disgusto.

—Sí, bueno. Pero te digo cielo, ¿cómo estás?, y me contestas que nublado, con claros, con amenaza de lluvia.

 

 

jueves, 18 de febrero de 2021

055 Microcuento LOS ÁPSIDES DE LA ÓRBITA TERRESTRE

 

Los ápsides de la órbita terrestre

Antonio García Velasco

 

Existen conceptos cuyos referentes son difíciles de imaginar. Por ejemplo, ápside, cada uno de los extremos del eje mayor de la órbita de un astro. ¿Sin ayuda de dibujitos, nos podemos imaginar la Tierra situada en un ápside, se podría explicar con palabras? Ella, Jacinta Casas, quería ser astronauta para, en una nave, posicionarse en la órbita de la Tierra y poder contemplarla en uno de sus ápsides. Un lustro le faltaba para iniciar su carrera de astrofísica y soñaba con el momento de viajar al espacio. Su madre, mandándole que le llevara el mortero, le rompió el cristal de su ensoñación actual.

—Voy, mamá.

En aquel momento se cortó el suministro eléctrico, se apagó la luz y, a la muchacha, no se le ocurrió otra cosa que fabricarse una tea prendiendo fuego a la estopa que cubría el extremo de una caña.

—Te alumbro, mamá.

—¿Qué haces, Jacinta? —le gritó la madre al darse cuenta de que se chamuscaba la cortina del salón.

Corrieron a buscar el extintor... Cuando llegaron los bomberos, madre e hija estaban a punto de comenzar su vuelo para buscar uno de los ápsides de la órbita terrestre.

 

domingo, 14 de febrero de 2021

054 Microcuento EL SENTIDO PUNZANTE DE CIERTAS PALABRAS


 EL SENTIDO PUNZANTE DE CIERTAS PALABRAS

Antonio García Velasco

 

—¿En qué te basas para seguir hablando de populacho? Pueblo es enaltecedor, dignificante, digno. Masa implica borreguismo, elemento informe y manipulable, materia cruda que espera la voz de un populista que la lleve al horno moldeante. Pero tú estás hablando de populacho, ni siquiera de plebe que también sería despectivo.

—Distingo entre pueblo y populacho, por supuesto. El populacho carece de educación cívica y, acaso, de instrucción y cultura. Y, aunque desconoce el significado del término corrección, actúa con petulancia y descaro como si su actitud fuese la única correcta. De todo lo que no le atañe de manera inminente y directa realiza una posposición que empuja hasta el pozo de las aguas fecales. El populacho es como una mala bestia mal hablada con la que es imposible el entendimiento.

—Ofendes al pueblo al que pertenezco y me obligas a decirte que tú eres una nórdica sobrepuesta por el mero hecho de que vives en un país cercano al polo, donde el frío paraliza las neuronas, aunque tengáis un envidiable nivel de vida.

—No pensaba que tú formaras parte del populacho y no del pueblo. O dicho con otras palabras, de la gentuza, de la chusma, del vulgo vergonzante que carece de sentido crítico y no admite ni contradicciones ni matizaciones a lo que cree.

A partir de aquel momento se derramaron los vinos del brindis y lo que prometía ser una noche de farra y celebraciones se convirtió en mohines de disgusto y despedida.



 

lunes, 8 de febrero de 2021

053 Microcuento UN JUEGO A DOS BANDAS


 

UN JUEGO A DOS BANDAS

Antonio García Velasco

Y quién nos asegura que la propia vida no es una pura ficción.

(Joaquín Palmerola, en los comentarios al microcuento EL VIAJE A MÉXICO)

                  Elena Rivas decidió contestar a su amigo en un correo electrónico:

"Tenemos que recordar, amigo Joaquín, que ya decía Calderón en el soliloquio de Segismundo, el más famoso de toda la dramaturgia española: ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño:/ que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son. Unamunianamente tú dices..."

 Interrumpió la escritura para atender la llamada por el teléfono móvil.

—Ven con urgencia, te mando la ubicación.

Con fervor dionisíaco su marido se había entregado a la bebida en la celebración del cumpleaños del jefe de personal de la empresa y, tras los primeros vasos de aquel vodka abrasivo con más de 80 grados, reservado para los postres, se le encogieron los órganos del aparato digestivo desde la boca al recto, pasando por el duodeno, yeyuno e íleon. Al hospital tuvieron que trasladarlo.

—Siento como si estuviese atravesando un mar de algas fucáceas, un océano de sargazos asfixiantes —le dijo cuando ella pudo verlo.

—¿Por qué has bebido de esa manera?

—No lo sé. ¿Acaso siempre hay que tener un motivo?

Pero bien sabía Carlos Ferré la causa de su impulsivo beber: le había propuesto a Ernestina Hierro dejar la fiesta y marchar juntos a la casa de ella, como otras veces. Pero Ernestina lo había rechazado con firmeza: "Vete a tu casa con tu mujer y tus hijos. Nada más quiero saber de ti". "Pero, Ernestina, nosotros nos queremos". "Y también te quiere tu mujer... Me engañaste dándotelas de soltero, con tu palabrería bonita y tu buena planta. ¡Largo!"

—Tienes que ser más moderado a la hora de beber.

—Estaba como enajenado. No me lo explico.

—Tendrás que pedir excusas a tus compañeros por haberles estropeado la fiesta.

—Ya se las pediré.

Elena no le insistió más y lo dejó descansar.

Entre sus compañeros comentaron: "Carlos tiene muy mal perder. Ha jugado a dos bandas con cartas marcadas, pero se le han quemado las barajas".


sábado, 6 de febrero de 2021

052 Microcuento EL VIAJE A MÉXICO

 

El viaje a México

Antonio García Velasco

 
 

Marisa era teísta y estaba afectada por neumococos. Cuando venció la pulmonía gracias a los antibióticos prescritos por la especialista, decidió viajar a México. Por Chiapas le picó una coralillo. No se percató de ello en un principio, pero cuando empezaron los primeros síntomas (dificultades en el habla, visión doble y parálisis muscular), al darse cuenta su amigo Juan Medina, la llevó con premura a la consulta del médico que, de inmediato, le inyectó un antídoto.

—¿Para qué creó un Dios comprometido en el mantenimiento y gobierno del universo las serpientes venenosas? —le preguntó Medina con una ironía que, en principio, se le escapó a la teísta.

Ella se le quedó mirando, en silencio.

—Para que tú me salves la vida llevándome al médico y yo te quede eternamente agradecida —respondió con efectos retardados.

—Luego Dios quiere que nuestra amistad vaya a más —dijo él insinuando un acercamiento amoroso.

—Somos libres de interpretar tanto las palabras como los hechos —rio Marisa.

—¿Te sientes mejor?

—Pienso completamente neutralizados que del veneno han sido los efectos — respondió trastabillando y trastocando deliberadamente la frase.

—Si manifiestas sentido del humor es que te has recuperado. ¿Salimos?

—Prefiero quedarme en mi habitación.

Juan la llevó en su "carro" al hotel y, con cierta preocupación por la salud su amiga, emprendió el camino hacia su casa. Un choque frontal contra un vehículo que invadió su carril tuvo consecuencias letales para los conductores.

 

 

martes, 2 de febrero de 2021

051 Microcuento CONTUSIONES

                                                                 

Contusiones

Antonio García Velasco

 

Iba en el caballo negro y sofocante de sus pensamientos acongojados. No se dio cuenta de la piedra suelta y cayó por la pendiente, rodando hasta pararse sobre un regolito o depósito de detritus rocosos. Se notaba las magulladuras producidas por los roces con las piedras del suelo. El verderón de una planta llamó su dolorosa atención. Elevó la mirada hacia la fronda de un árbol gigantesco que se le antojó un dragón que iba a devorarla. Intentó levantarse y no pudo. Un pajarraco negro cruzó en aquel momento y sus excrementos se estamparon sobre su cara.

—¡Lo que me faltaba! —exclamó tratando de limpiarse y asqueando el gesto y la agitación de las manos.

Llegaron, por fin, sus compañeras de excursión y le prestaron ayuda. Regresaron al lugar donde habían montado las tiendas antes de subir al cerro.

—Yo no estoy para dormir en el suelo metida en un saco —anunció—. Pero no quiero estropearos los planes. ¿Cómo podría regresar a casa?

—Si te tienes que ir, nos vamos todas contigo.

Y no se habló más. Recogieron los bártulos, los cargaron en el coche y emprendieron la vuelta a la ciudad.

—De verdad que lo siento —dijo la contusionada.

—¿Te llevamos al hospital?

—Creo que no hace falta. Cuando descanse esta noche, me encontraré mejor.

—¿Nos quedamos alguna contigo?

—Oh, no, bastante os he fastidiado ya.

Se esperó hasta que el coche de sus amigas hubo desaparecido. Entró en el portal de la casa. Subió a su piso. Se encontró a su novio esperándola.

—Te dije que no quería volver a verte —le reprochó ella— ¿Por qué has venido? ¿Qué es lo que no has entendido cuando te dije que no quería volver a verte?

—Quiero estar contigo.

—¡Vete!

—Escúchame, mujer. Perdóname. Deja que me quede contigo.

—Te lo dije bien claro: no quiero verte más.

Él se acercó con intención de agarrarle la mano. Ella lo rechazó y volvió a insistir en que se marchara.

—Te denuncio por acoso como no te vayas —amenazó ella.

—No te atreverás. Sé que me deseas tanto como yo a ti —se le enfrentó él, riendo, como si no fuese el primer intento de ruptura.

Y ella, en silencio, recogió su bolso y las llaves, se salió a la calle sin escuchar las llamadas del hombre, paró un taxi y se fue a urgencias. El médico certificó los numerosos hematomas que marcaban su cuerpo. Con aquel certificado se fue a la policía.

 

 


jueves, 28 de enero de 2021

Microcuento MI ORDENADOR ASUME LA PERSONALIDAD DE UNA AMIGA

 

Mi ordenador asume la personalidad de una amiga

Antonio García Velasco

 

Mi ordenador asume la personalidad de una amiga y, al conversar con él (con la amiga), tiene lugar el siguiente diálogo:

YO: Hola.

AMIGA: Hola. ¿Tomamos algo?

YO: Acabo de tomar café con tu novio.

AMIGA: ¿Te puedo preguntar por el significado de malbaratar?

YO: No me digas que no tienes novio, que has roto con Fran... No me lo creo.

AMIGA: ¿No estarás levantando una calumnia?

YO: Eres tú quien me ha preguntado por malbaratar y lo he tomado por malmeter. Aunque puede significar malgastar. ¿O quieres decir que estoy malgastando el tiempo?

AMIGA: Creo que yo no soy la persona indicada para decirlo.

YO: Hemos tomado un café Fran y yo. No te miento.

AMIGA: ¿Cuándo?

YO: Hace un rato. Y hemos hablado de ti. Le he dicho que iba a verte para darte un libro.

AMIGA: ¿Cuándo?

YO: Hará media hora, mujer. ¿Por qué tienes tanto interés en saber el momento?

AMIGA: ¿Por qué me preguntas? Conoces bien mi respuesta.

YO: ¿Has roto con Fran? ¿En serio?

AMIGA: ¿No estarás levantando una calumnia?

YO: ¿Otra vez? He estado tomando café con Fran. No tengo por qué mentirte.

AMIGA: ¿Por qué me preguntas “Otra vez”? Conoces bien mi respuesta.

YO: Pienso que te ha puesto de mal humor el que mencione a Fran. Lo siento.

AMIGA: ¿Eso es lo que piensas?

YO: Bien. Esta tarde estás imposible. Toma el libro. Adiós

AMIGA: Está bien, adiós. ¿Nos veremos pronto? ¿Nos llamamos?

 

A lo mejor se molesta porque no contesté con palabras a sus preguntas.







lunes, 25 de enero de 2021

Diálogo con un psicólogo especial

 

Diálogo con un psicólogo especial

Antonio García Velasco


Esto del confinamiento impuesto o aconsejado nos va a sacar de quicio. Yo por sí acaso, y antes de llegar a la locura, he recreado en mi ordenador una aplicación que simula la consulta a un psicólogo o, si se prefiere, psiquiatra. Hay antecedentes notables de este programa, como ELIZA, escrito en 1966 por el profesor Weinzenbaum, Por si uno se cansa de visitar al psicólogo, le he dado las opciones de hablar con un amigo o amiga, con una enamorada o enamorado, con la supuesta pareja (hombre o mujer), con un niño o una niña, con un o una poeta, con un o una docente... Un potencial de conversadores y/o conversaciones. Un potencial de literatura experimental. Os dejo una muestra de la última conversación con el psicólogo. Claro que, para algunos, esto es ya el síntoma del desquiciamiento causado por el Covid-19.

Diálogo con Psicólogo

YO: Buenos días.

DOCTOR: Me alegro de saludarte. ¿Me hablas de lo que te ocurre?

YO: Anímicamente no me siento bien.

DOCTOR: ¿Puedes hablarme de vacuno o vacuna?

YO: Me gustaría ponerme la vacuna del coronavirus.

DOCTOR: ¿Puedes hablarme de montería?

YO: No me gusta la montería. Quiero la vacuna del Covid-19.

DOCTOR: ¿Por qué la quieres?

YO: Porque le temo a la enfermedad, ¿por qué iba a ser?

DOCTOR: ¿Por qué preguntas? Explícamelo.

YO: Pienso que es lógico que todos temamos a un virus tan peligroso. ¿Usted no lo teme?

DOCTOR: Has venido a hablar de ti

YO: Pues de mí le digo que quiero la vacuna. ¿Cómo se consigue?

DOCTOR: ¿Por qué la quieres?

YO: Creo que no me escucha: se lo he explicado ya.

DOCTOR: ¿Seguro?

YO:

DOCTOR: No te quedes callado.

YO:

DOCTOR: Mucho me temo que tengas miedo a decir lo que estás pensando.

YO: Pues sí, creo que es usted un psicólogo muy poco competente.

DOCTOR: Has venido a hablar de ti

YO: No hablo más. Me voy, adiós.

DOCTOR: ¿Eso que dices es de verdad?

YO: De verdad que me voy. Adiós.

DOCTOR: Está bien, adiós. La recepcionista te cobrará la visita.




viernes, 22 de enero de 2021

Microrrelato Mi mejor maestro se llamaba don José

 

Mi mejor maestro se llamaba don José

Antonio García Velasco

 

Mi maestro, mi mejor maestro, se llamaba don José. Era muy joven cuando fue destinado a la escuela unitaria de nuestro pequeño pueblo. Siempre nos hablaba del espíritu de superación y nos impulsaba a conseguirlo. Gracias a él hice el bachillerato elemental, preparado por él, con examen en el instituto comarcal; conseguí una beca, estudié bachillerato superior... Cursé una carrera universitaria. Me doctoré. Años después, logré docencia en la Universidad y, ¡admirable coincidencia!, mi maestro, mi querido maestro, ya con plaza en la capital, por su ejemplar afán de superación, se había matriculado para obtener la licenciatura en Filosofía y Letras... Estaba sentado allí, esperando al profesor, el nuevo profesor, que impartiría la asignatura de Gramática histórica. ¡Qué ocurrencia!... ¿Cómo podría enseñar a mi maestro, cómo ser tan buen profesor como lo fue para mí? ¿Cómo enfrentarme a la corrección de sus exámenes, calificarlo, valorar sus conocimientos?

Cuando me saludó tras la primera clase sólo me dijo: "Tú has valido siempre mucho, ya te lo decía yo. Me siento orgulloso de ti". "Muchas gracias, don José".

jueves, 21 de enero de 2021

047 Microcuento LA LECTORA DE HOMO VAMPYRUS

 

La lectora de Homo vampyrus

Antonio García Velasco

 

La cantinela de su gran rezo era el desarme. ¿Por qué los seres humanos habían tenido siempre el afán de poseer armas más potentes que los supuestos contrarios?

Se decía: "Este es un sistema basado en el dominio de los más fuertes, los que pueden poseer armas y sicarios dispuestos a usarlas. Quien dice armas dice recursos, dinero, poder. ¿No podría uno "apearse" de este tren desquiciado
de la Humanidad?"

Fue entonces cuando le recomendaron la lectura de Homo vampyrus. Tras la lectura exclamó:

—¡Quiero ser vampira! Porque los vampiros que pinta este libro son inmortales, están por encima de las enfermedades, poseen poderes sobrehumanos y, de modo especial, mantienen la inquebrantable hermandad con todos los de su especie. ¡Quiero ser vampira!

Acaso fuera un sueño tan imposible como el de don Quijote enloquecido por emular a los caballeros andantes, imponer justicia y enderezar los entuertos de los humanos.

domingo, 17 de enero de 2021

Libros recibidos 16

 

 LIBROS RECIBIDOS 16


Acuso recibo por este medio de los libros que me han enviado en calidad de jurado del Premio de la Crítica de Andalucía:

Hl  LA HORMA DEL ZAPATO AJENO, de Alberto Puyana, Alma Negra Ediciones S. L.

1. Soliloquios junto al abismo

Cádiz, 18 de julio de 2003, 21:50 h.

Me pregunto qué narices me ha llevado a estar aquí, de pie, en el borde de la cornisa del Edificio Fénix, a punto de dar un paso hacia adelante para dejarme caer desde... ¿treinta? ¿cuarenta metros de altura?

Quien me lo diría... ¡a mí! Al de la alturofobia, o como quiera que se diga. Esto demuestras lo desesperado y loco que estoy...


Libros recibidos 15

 


 LIBROS RECIBIDOS 15


Acuso recibo por este medio de los libros que me han enviado en calidad de jurado del Premio de la Crítica de Andalucía:

1.  DE REPENTE, SIEMPRE ES TARDE, Inés Montes. Endymion.

Pasillos

Cierro la última ventana de aquella casa que fue la mía durante tantos años, y creo estar clausurando una parte de mi vida que quedaba muy lejos en el tiempo. Pero las cosas nunca son ni como las deseamos ni como las imaginamos, a veces resultan distintas y extrañas. De repente, todo surge de nuevo con la intensidad que tienen los recuerdos más escondidos...