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jueves, 22 de diciembre de 2022

104 Microcuento de NAVIDAD

 


Microcuento de Navidad

Antonio García Velasco

 

Navidad, Navidad, dulce Navidad… Pero Irene estaba sola y ni emborracharse podría para volver sola a casa ya que una sola moneda llevaba en el bolso. Con tanta soledad, pensó comprar un poco pan y mortadela para consolar su estómago cuando estuviese sola y tuviera hambre.

Comenzó a caminar hacia la tienda. Le salió al paso una anciana diciendo:

—La Biblia dice que “más vale morir que ir mendigando”. En verdad te digo que mucha vergüenza siento al ponerme a pedir, pero, por amor de Dios, ¿no tendrías alguna moneda que darme?

—La Biblia dice también que “Con todo, ten generosidad con el necesitado, y no le hagas esperar la limosna. Como está mandado, socorre al pobre; y, por su indigencia, no le despidas con las manos vacías” —se le vino al pensamiento y, sin más, le dio la moneda a la mujer.

—¡Gracias, muchas gracias!, dijo la mendiga.

No tenía sentido seguir caminando hacia la tienda y volvió sobre sus pasos. Ya se las arreglaría cuando apretara el hambre.

De pronto, sintió que le pesaba el bolso. Con extrañamiento lo abrió y comenzaron a desbordarse las monedas iguales a la que le había dado generosamente a la mendiga.

 

miércoles, 22 de diciembre de 2021

083 Microcuento FINALIZANDO EL AÑO DOS MIL VEINTIUNO

 

Finalizando el año dos mil veintiuno

Antonio García Velasco

 

Estaban esperando, atentos a lo que aconteciera. Y, de pronto, se iluminó la zona: había nacido un Niño. Con luces y canciones, la nueva fue anunciada. ("Amaos los unos a los otros"). Indiscernible el significado de aquel acontecimiento. Pero algo iba a cambiar, y cambió, en el mundo. Mas, ¿cuántos miles de años habrá que esperar para el cambio definitivo? ¿Cuándo el diente se convertirá en rumbón? ¿Cuándo la riqueza, la abundancia va a subdividirse hasta alcanzar a todos en la misma proporción? ¿Cuándo el ojo verá la luz y la verdad? ¿Alguna vez el corazón se percatará de los latidos de todos los demás humanos, hermanos? Con luces y canciones se continúa anunciando la nueva y estamos ya finalizando el año dos mil veintiuno y para tantos no pueden ir peor las cosas. A lo mejor, mañana, nace una Niña y en el mundo se doblan los motivos para encontrar la paz, la armonía, la igualdad, la fraternidad, la libertad. ("Cambiad el egoísmo por el altruismo").

jueves, 24 de diciembre de 2020

041 Microcuento NAVIDAD CON CERCO DE MONSTRUOSOS SERES

 

Navidad con cerco de monstruosos seres

Antonio García Velasco

Nuestra aldea quizás no tenga características singulares. Pero es acogedora y, sobre todo, nuestra. La Navidad se suele celebrar con una gran cena en la plaza ambientada con música y motivos navideños. Algunos, por su agnosticismo, prefieren decir que celebramos el solsticio de invierno que para el hemisferio sur es de verano. Y da lo mismo, porque, por encima de las creencias religiosas o políticas, como sentimiento común, se considera una fiesta de hermandad y buenos deseos. Pero, maldito sea, este año tenemos la aldea cercada por un ejército, rebaño, bandada, piara, manada, tropel de monstruosos seres que nos advierten que nos quedemos en casa, que nada de cena en la plaza, que nada de músicas ni festejos, que nos atengamos a las consecuencias si salimos de nuestras encerronas. Nos manifestamos todos, mutuamente, los aires de la resignación y las luces de la esperanza. Estamos seguros de que venceremos el angustioso cerco y esos seres quedaran desterrados para siempre. Mientras tanto, nos deseamos Felices Fiestas, aun a sabiendas de que, para muchos, no serán, ni remotamente, como las navidades de otros años.




jueves, 25 de diciembre de 2014

Metafísicos de Navidad



Metafísicos de Navidad
Antonio García Velasco

-“Amad a vuestros enemigos” un consejo sabio e ingenuo –dijo.

No entendió ni lo de sabio ni lo de ingenuo. Se lo hizo saber.

“Sabio –explicó- porque si todos aman a sus enemigos, los enemigos no existirían y se acabarían las guerras, las peleas, las rencillas, las múltiples formas de la enemistad. Ingenuo porque el ser humano no alberga ni la inteligencia ni la bondad necesarias para hacerlo posible”.

-Nunca había reparado en semejantes consideraciones. La utopía del amor a los enemigos y a los no amigos contrasta con aquellas otras palabras “Quién no está conmigo está contra mí”, propias del pensamiento único y la intolerancia más radical.

-Mucho ha de evolucionar el hombre –varón y mujer- para llegar al reino o república del amor, la igualdad y la justicia distributiva.

-En Navidad, y cualquier fecha es buena para que lo sea, debemos despertar nuestros sueños de paz y felicidad para todos.

-Ya, claro, de humanismo solidario.

-Sí, también, de humanismo solidario.

-Otra sabia ingenuidad, ¿no es cierto? Si todos nos planteáramos qué puedo hacer por los demás, otro amanecer nos cantaría. Pero la mayoría está más por recibir, coger, apropiarse de, robar si es preciso que por actuar generosa y solidariamente.

-“Metafísico estáis”.

-“Es que no como”.

-No digas que no comes.

-Bueno, es que recordaba el soneto de Cervantes en el prólogo del Quijote. Nosotros nada podemos decir de no comer, que entre copa y copa, pincho y pincho, tapa y tapa nos estamos poniendo como el Quico, el del atracón de gambas que tuvieron que ingresar, pobre, para una vez que podía hartarse.

-Pues comamos, brindemos, sigamos con nuestra conversación, que para eso es Navidad.

Y luego, incontinentes,
cogieron el abrigo, comprobaron el móvil
miraron de soslayo,
se fueron… no hubo nada.

Se supone que pagarían la cuenta.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad 2013



José emigrante
Antonio García Velasco

José, el diplomado en manipulación técnica de la madera, no tenía trabajo. Le acababa de nacer un hijo y, ante la amenaza del hambre herodiana, decidió emigrar al extranjero. Su esposa, María, le mostró sus temores:

-Es un niño demasiado pequeño para tan largo viaje…

-Peor es la amenaza del hambre herodiana. Son demasiados los niños que están muriendo de hambre, muchos más los que, por falta de recursos en la familia, sufren malnutrición. No quiero que nuestro hijo muera de hambruna. Con los pocos ahorros que tenemos, podremos viajar a Egipto. Este país está viviendo años de prosperidad… Están pidiendo especialistas como yo… Nos vamos, María, nos vamos. No me faltará el trabajo y nuestro hijo crecerá alimentado en condiciones.

-Lo que tú digas, José –se resignó María.

Comenzaron los preparativos del viaje: las bolsas con la ropa, el hatillo de la criaturita de tan pocas semanas, un par de zurrones con comida… No les quedaba otra alternativa que caminar. A ratos podrían ir, sobre todo la mujer con el niño, montados en la burrilla que tenían en casa. Emprendieron el viaje.

Un día pasaron por un huerto donde lucían las naranjas más jugosas… José y María se miraron, sin atreverse a coger una… Apareció el guarda o dueño del naranjal.

-Denos una naranja, buen hombre, que venimos muertos de sed.

-No veo –dijo el hombre-. Entre usted mismo y coja las que desee. Naranjas hay de sobra para mí y para mi familia. Cójalas de las más gordas, que son las más jugosas.

José fue a recoger un cesto de naranjas. Mientras tanto, María preguntó al hortelano:

-¿Qué le ocurre, buen hombre?

-No veo bien, apenas los bultos.

-Le daré un ungüento que llevo por si mi hijo lo necesita. Debe ponérselo de modo que le entre en los ojos. Mejor, permítame que se lo ponga yo.

María dejó al niño que llevaba en los brazos reclinado sobre unas pajazas del suelo. La burra, desde que pararon, se dedicaba a hurgar entra la maleza en busca de yerbas comestibles. La mujer se acercó al hombre y untó la pomada en sus ojos. Comenzaron a correr lágrimas por los lacrimales del ciego… Se restregó intensamente.

-¡Veo! –gritó al poco. Buena mujer, me has devuelto la vista. Gracias, muchas gracias.

En esto volvió José con su cesto repleto de naranjas.

-Muchas gracias, buen hombre –dijo al hortelano, que ya se alejaba corriendo y dando gritos de alegría.

-¿Qué le ocurre?

-Le he puesto el ungüento en los ojos y ha recuperado la visión… Supongo que va a comunicárselo a su familia.

-Debemos seguir el viaje –dijo José.

Y hacia Egipto continuaron. El marido, con su báculo, caminando. La mujer, subida en la burra,  con un bebé en brazos, huyendo de la hambruna que mata, como Herodes, a los inocentes. La pregunta siempre es la misma: ¿Mejorarían las condiciones de vida en un país extraño? Se arriesgan los desempleados a marchar lejos, adentrándose en lo desconocido, en busca de un incierto trabajo, su único medio de honrada supervivencia. Mientras, los ricos se refocilan en banquetes y orgías, nadando en una abundancia que no merecen, en una abundancia que las leyes y los gobiernos protegen frente a millones de parados. Faltos estamos de ungüentos que nos curen la ceguera. O acaso, la curan sólo a quienes ya poseen el don de la generosidad, la solidaridad, el sentido de la justicia. Como el hortelano de este cuento.

martes, 25 de diciembre de 2012


La pensión de expresidente. Cuento de Navidad 2012

Antonio García Velasco

A José García Pérez que el otro día celebraba mis cuentos cortos. Con mis deseos de Felicidad para todos.

Me lo encontré por Navidad. El que había sido presidente del gobierno de los recortes, la austeridad y el ajuste se quejaba ahora de que su pensión había disminuido tanto que no le permitía ni unas vacaciones con el Imserso en un hotel de tres estrellas. Es cierto que los tiempos han cambiado mucho desde que las políticas económicas están dirigidas por tecnócratas que sólo saben de cuadraturas de déficits y de protección de los intereses de los banqueros. Pero que el expresidente se queje, como el coronel de García Márquez, de que no le llega la pensión es ya muy preocupante,

Hay quien dice que tiene lo que se merece, que quien siembra ajustes y supresiones de pagas extras recoge cosechas de falta de liquidez en los bolsillos personales.

-Fíjate tú, me decía, que tengo un dolorcito aquí en el lado derecho, a la altura del hígado, y no me atrevo a ir al médico.

-¿Por qué? -pregunté extrañado-. La salud es lo primero.

-Temo que el copago me desequilibre el presupuesto de este mes y el de los venideros.

-¿El copago? -volví a preguntar como quien no sabe de qué va el asunto.

-Sí, bueno. Ya sabes. Hubo un tiempo, ¿quién gobernaba entonces, quién?, en que los ministerios, en vez de tratar de rebañar lo más posible para atender sus necesidades, competían por ver quienes contribuían más al ahorro del gasto público o era capaz de aportar más dinero a las arcas del estado. Hasta el Ministerio de Sanidad trató de recaudar e implantó el copago por asistencia médica, traslado al hospital de los enfermos crónicos, receta de medicamentos, etc. etc. Si voy al médico y me manda revisiones periódicas y tengo que ir al hospital, mi pensión no da para tanto. Y si, además, hay que pagar una parte de las medicinas... ¿Lo entiendes?

-Y, ¿quién gobernaba cuando eso ocurría?

-La verdad es que no lo recuerdo. Pero, sin duda, el que fuera había olvidado aquel artículo precioso de la Constitución de 1812 que decía "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen".

-De esa Constitución hace ya mucho tiempo. Y, además, sólo estuvo en vigor un par de años.

Me miró sorprendido, como quien oye hablar a un extraterrestre. Y dio por terminada la conversación. Me deseo rutinariamente Feliz Navidad y se marchó con su paso lento, arrastrando los pies, renqueante, murmurando: "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación. Y no, no me hacen nada feliz los políticos de hoy en día”.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un cuento de Navidad

El cuento de la Navidad de 2011
Antonio García Velasco

Se cruzó de brazos y decidió no comprar nada, ni siquiera comida, para estos días festivos en los que se celebra el solsticio de invierno con una fiesta pagana que va más allá de la originaria que el cristianismo absorbió con la idea del nacimiento del hijo de Dios.

Han comenzado los días a alargar sus horas de luz y a acortar sus horas de tinieblas. Pero la lucha sigue entre los dos principios básicos que rigen la vida, el bien y el mal. Ignora qué es el bien, qué es el mal. Se ha sentado a esperar, como decía Manuel Machado, a “que la vida se tome la pena de matarlo ya que él no se toma la pena de vivir”, obnubilado por las luces de las calles, el reclamo de los comercios y una crisis galopante que muerde como la mala bestia. Y lo ha llenado de deudas.

La justicia divina se pierde en caminos inescrutables y la humana se tambalea según la presión del que defiende, el silencio o ignorancia de quien acusa o la conveniencia de las instancias político-económicas. “De verdad, de verdad, repite, que no pienso moverme de la silla, cruzado de brazos, por mucho que me insistáis”.

No está indignado. No se siente ni irritado, ni enfadado vehementemente contra nadie, contra ninguna decisión política, contra ningún mandamiento humano o divino. Está sólo decidido a permanecer de brazos cruzados hasta que alguien le explique para qué, por qué esta fiesta-crisis de gulas, desenfrenos y borracheras, disfrazada de celebración religiosa. O, quizás, espera a que pase de largo, olvidada en el comienzo de un nuevo año que también se espera muy difícil.

Si lo invitamos a comer, niega con la cabeza, apretando la boca. Decidimos, pues, consultar al especialista, neurólogo, psiquiatra. El diagnóstico es “depresión”, pero estamos convencidos de que su estado responde a causas mucho más profundas, mucho más inexplicables. Por eso no insistimos cuando se niega a tomar las pastillas recetadas, cuando mueve la cabeza ante la taza de sopa o leche caliente.

Pero, de cualquier forma, nos tiene desconcertados, preocupados, expectantes ante las medidas económicas que tomará para salir de la crisis y pagar las deudas que nos sobrevinieron sin comerlas ni beberlas. Por eso, tal vez, reniega de las fiestas y se consume sentado en la silla, cruzado de brazos. O, a lo mejor, sabe lo que todos nosotros ignoramos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Los belenes de Navidad

Desnudito Niño-Dios

Tiempo frío de belenes y representaciones navideñas. Y, en todas, el niño desnudo en el portal. José y María, bien abrigados. Los pastores cubiertos de pieles. Herodes y los soldados, vestidos en consonancia con el lujo de la nobleza y el tiempo helado de un diciembre de clima alterado. Sólo el “cagater”, de ocurrencia catalana y por necesidades fisiológicas, aparece con aquella parte descubierta donde, a decir de Cela, la espalda pierde su casto nombre. Y el niño tan pancho, medio desnudo en su miserable cuna, de pajas y palos, con el gesto de la bendición a todos los mortales.

No le corresponden a José, ni a María, ropas tan ostentosas como les suelen poner en cuadros y figuras de portales de Belén. En los Reyes Magos y en Herodes, pueden explicarse, pero los pobres artesanos no se pueden permitir vestimentas de soberanos. Ignoro cómo sería aquel primer belén que, dentro de una cueva, montó Francisco de Asís en el Nochebuena de 1223. Pero, en los que vemos actualmente, siempre, salvo, quizás, excepciones, el niño aparece desnudo, sólo con el paño púdico sobre sus partes íntimas. ¿Cómo explicar el contraste entre este desnudo infantil y las majestuosidad pomposa de las ropas con las que visten las representaciones de sus padres y demás personajes que van camino del portal? ¿Hace frío para unos y no para el más chiquitín? ¿Significa algo tal desnudo? ¿Y qué significan en tal caso el lujo de los ropajes de los mayores? ¿Cómo se puede tener desnudito a un niño recién nacido sobre un colchón miserable de una miserable cuna? ¿Una Navidad tras otra y a nadie se le ocurre regalarle una mantita para cubrirlo? ¿Era más útil el incienso, el oro, la mirra de los magos de Oriente que una buena manta de pura lana virgen?

Hablan los evangelios apócrifos de un buey y una mula que, con su aliento, calentaban el portal, el pesebre o la cueva donde el niño nació. Pero, entonces, si el aliento de aquellos animales era calefacción tan eficaz, ¿cómo José y María siguen vestidos con ropas de abrigo?

Una amistad me comentaba hoy sobre lo que tendría que ver el nacimiento del niño Jesús con los atracones de comida y bebida en todas las casas. Mi comentario fue: eso mismo me digo yo y, por otra parte, al pobre niño siempre nos lo representan desnudito con el frío tan tremendo que está haciendo. ¡Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo!
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

UN CUENTO DE NAVIDAD

Un cuento de Navidad

Antonio García Velasco

Desde su perspectiva de hombre enamorado, ella era la mujer más hermosa del mundo. Sin embargo, desde el punto de vista de otro cualquiera, ella era… hermosa en extremo, posiblemente más que otra mujer del mundo. Estaba convencido de que ella lo amaba y, por tanto, su único temor era pensar que Dios pudiera elegirla para madre de su segundo hijo. Si bajara el arcángel a hacerle la anunciación de que concebiría por obra y gracia del Espíritu Santo, él se revelaría hasta el punto de renunciar a su fe y proclamar a los cuatro vientos la injusticia divina. No tenía madera de santo José y, ni por Dios, estaba dispuesto a renunciar a su amada, bella entre las bellas, hermosa como ninguna.

Cuando escuchaba hablar del hambre en el mundo, de la crisis económica afectando sólo a los que menos poseen, de las desigualdades entre ricos y pobres, de la corrupción y la miseria, de la maldad reinante, de la degeneración humana, de la indiferencia de los poderosos ante las enfermedades graves pero curables, de las flagrantes injusticias… cuando, en fin, oía afirmar que es la hora de una segunda venida del Mesías, se ponía a temblar, seguro de que Dios escogería para encarnar a su hijo a la mujer más hermosa de la tierra, y esa era ella, su amada. Y como la quería por encima de todas las cosas, terrestres o celestiales, chabacanas o sublimes, no estaba dispuesto a renunciar a su amor. No se resignaría como San José, pobre hombre, impresionado porque su desposada había sido elegida por la Divinidad como madre del Redentor. Por buenazo, aceptó complacido, protegió a María contra las habladurías y fue como un padre terrenal para el hijo de Dios. Él no estaba dispuesto a semejante sacrificio. Incluso, a veces, siendo partidario de la vida y respetuoso con los no nacidos, hasta se daba en pensar que, si a Dios se le ocurría engendrar en su amada, por muy divino y redentor que fuese el engendro, aprovecharía la ley Aído y la llevaría a una clínica pública o privada. Que lo supiera Dios que con él no se jugaba así como así.

En otros momentos, temía el enfrentamiento con el Todopoderoso, ya que se consideraba un pobre mortal, sin más oficio ni beneficio que su carrera universitaria y un trabajo mal remunerado de técnico en telecomunicaciones. Eran momentos de abatimiento y celos que desaparecían al verla a ella, radiante como una diosa, perfecta como un amanecer, sublime como la música de Mozart. “Oh, Bibiana, mi Bibiana”. Y se crecía hasta sentirse capaz de todo con tal de ser el único.

Bibiana, además de bella, era creativa, sociable, dinámica e independiente. Respetaba la forma de pensar de los demás, a los que escuchaba con gran interés. Por ello era muy querida por sus amistades. Y, sobre todo, por él, que tan profundamente enamorado se mostraba.

Un día apareció turbada, inquieta, temerosa. Y, al mismo tiempo, complacida, llena de gracia entre todas las mujeres, feliz. No se atrevía a confesar los motivos de su estado de ánimo. Pero él lo supo desde el primer momento: sus temores se habían cumplido. Bibiana estaba embarazada. Era un 25 de marzo, día de la Encarnación. El niño-Dios nacería, como cada año, el 25 de diciembre. Pero él no estaba dispuesto a celebrar una nueva Navidad. Nunca más, una Navidad, aunque tuviese que renunciar a todas sus creencias y llevar a Bibiana a una clínica pública o privada.