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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un cuento de Navidad

El cuento de la Navidad de 2011
Antonio García Velasco

Se cruzó de brazos y decidió no comprar nada, ni siquiera comida, para estos días festivos en los que se celebra el solsticio de invierno con una fiesta pagana que va más allá de la originaria que el cristianismo absorbió con la idea del nacimiento del hijo de Dios.

Han comenzado los días a alargar sus horas de luz y a acortar sus horas de tinieblas. Pero la lucha sigue entre los dos principios básicos que rigen la vida, el bien y el mal. Ignora qué es el bien, qué es el mal. Se ha sentado a esperar, como decía Manuel Machado, a “que la vida se tome la pena de matarlo ya que él no se toma la pena de vivir”, obnubilado por las luces de las calles, el reclamo de los comercios y una crisis galopante que muerde como la mala bestia. Y lo ha llenado de deudas.

La justicia divina se pierde en caminos inescrutables y la humana se tambalea según la presión del que defiende, el silencio o ignorancia de quien acusa o la conveniencia de las instancias político-económicas. “De verdad, de verdad, repite, que no pienso moverme de la silla, cruzado de brazos, por mucho que me insistáis”.

No está indignado. No se siente ni irritado, ni enfadado vehementemente contra nadie, contra ninguna decisión política, contra ningún mandamiento humano o divino. Está sólo decidido a permanecer de brazos cruzados hasta que alguien le explique para qué, por qué esta fiesta-crisis de gulas, desenfrenos y borracheras, disfrazada de celebración religiosa. O, quizás, espera a que pase de largo, olvidada en el comienzo de un nuevo año que también se espera muy difícil.

Si lo invitamos a comer, niega con la cabeza, apretando la boca. Decidimos, pues, consultar al especialista, neurólogo, psiquiatra. El diagnóstico es “depresión”, pero estamos convencidos de que su estado responde a causas mucho más profundas, mucho más inexplicables. Por eso no insistimos cuando se niega a tomar las pastillas recetadas, cuando mueve la cabeza ante la taza de sopa o leche caliente.

Pero, de cualquier forma, nos tiene desconcertados, preocupados, expectantes ante las medidas económicas que tomará para salir de la crisis y pagar las deudas que nos sobrevinieron sin comerlas ni beberlas. Por eso, tal vez, reniega de las fiestas y se consume sentado en la silla, cruzado de brazos. O, a lo mejor, sabe lo que todos nosotros ignoramos.

sábado, 25 de junio de 2011

De 110 a 120 y al revés

Nunca se limita la velocidad a gusto de todos

Mientras polemizamos sobre límites de velocidad, no hablamos de otras cosas. Los llamados ecologistas, por su parte, afirman que la medida ha sido eficaz: menos consumo de combustible, menos contaminación, ahorro en euros, menos accidentes… Los, llamémosles, amantes del automóvil –fabricantes y concesionarios incluidos- diciendo: que un muermo conducir a 110, que también por duermevelas se producen accidentes, que no hay en realidad tal ahorro, ya que el ahorro se produce porque la crisis reduce el uso del automóvil, que hasta 120 es poco correr, que, por lo menos, el límite tendría que ser 130, como en otros países, o como en Alemania, sin límite fijado y sólo ciertas restricciones, según las circunstancias… Y el gobierno, Rubalcaba, digo Alberto, que el petróleo ha bajado y tiende a bajar –aunque sigamos pagando la gasolina a altos precios, aun con las vales descuento que reparten ciertos centros comerciales-, que la medida fue provisional y ha cumplido su plazo, que… La polémica sigue, seguirá, continuará. Como la amenaza de la bancarrota, la presión de los especuladores de la deuda pública, la espada de Damocles del rescate…

A más consumo de combustible, más ingresos por impuestos para el Estado. Por ello algunos sostienen que “como la medida de la reducción a 110 ha funcionado, lo urgente es suprimirla”. El día 1 de julio, “la marcha atrás” que supone más velocidad para adelante. Juegan algunos medios con el titular “Rubalcaba arranca la campaña a 120”. Necesita toda la popularidad -¿y se la da esta medida?- y suprime una disposición que fue antipopular, salvo entre los grupos ecologistas, que conste.

La ministra Salgado señaló que el ahorro ha sido “superior a la pérdida de recaudación fiscal debido a la menor demanda de gasolina”, pero el ahorro, en todo caso, es para el bolsillo particular y la recaudación es para Hacienda y Hacienda somos todos, pero la administran ellos. No sé si alguien podría explicar que si uno se ahorra un litro de combustible yendo a 110, ese ahorro es un bien general para la Nación. Por la misma regla, si gastamos lo mínimo en el día a día, paralizando el consumo, también ello sería beneficioso para todos. ¿O no? ¡No! Este sistema, que indigna siempre y que sólo ahora manifiesta indignados, se basa en el consumo y no consumir es paralizante. Hasta para Hacienda, que recauda menos IVA y tendrá menos para invertir en reducción de deuda, en infraestructuras, en prestaciones sociales.