Había
una vez un ciempiés que tenía mucha hambre. Decidió salir de su madriguera para
comprar algo de comida. Pero se dio cuenta de que no tenía zapatos y podía
lastimarse un pie, según las advertencias de la sanidad pública sobre el
peligro de caminar descalzos por calles o campos. Caminando con mucho cuidado,
fue a casa del zapatero para comprarse cincuenta pares de zapatos. El zapatero
le dijo que no disponía de tantos calzados iguales ni desiguales. El ciempiés
muy disgustado volvió a su casa resignado a morirse de hambre. ¿Y no podía
haber comprado comida de vuelta a casa? Y si hay quien tiene más de 300 pares
de zapatos, ¿no podía dejarle cincuenta al pobre ciempiés? Y, si el ciempiés ha
andado siempre descalzo, ¿quién le mandaba hacer caso a la sanidad pública?
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