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sábado, 4 de febrero de 2023

10 BREVES


 

10 breves

Antonio García Velasco

 

En 1913, Antonio Machado nos hacía un análisis inquietante de España. Su poema, "El mañana efímero", dedicado a Roberto Castrovido, periodista, ha sido normalmente interpretado como una crítica a los conservadores. Pero la grandeza del lenguaje poético permite lecturas muy diferentes según el momento.


 

"...la sombra de un lechuzo tarambana,

de un sayón con hechuras de bolero.

El vacuo ayer dará un mañana huero.

Como la náusea de un borracho ahíto

de vino malo, un rojo sol corona

de heces turbias las cumbres de granito;

hay un mañana estomagante escrito

en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,

la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace

del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora...”

 

¿De manos y cabeza de quién nos llegará la redención, en la que, por supuesto, todos tenemos que participar y contribuir?

domingo, 1 de junio de 2014

El estado presente de nuestra cultura y sociedad



El estado presente de nuestra cultura
Antonio García Velasco

Se me acercó con tiento y casi en un susurro me dijo al oído: “El estado presente de nuestra cultura, incierto y un tanto enfermizo, con desalientos y suspicacias de enfermo de aprensión, nos impone la crítica afirmativa, consistente en hablar de lo que creemos bueno, guardándonos el juicio desfavorable de los errores, desaciertos y tonterías”.

-¿Por qué me lo dices? –pregunté como quien se defiende de un ataque inesperado. ¿Acaso no hablo sólo de los libros que me gustan? ¿Acaso no evito las críticas directas a personas concretas?

-No te me ofendas –contestó-: “Se ha ejercido tanto la crítica negativa en todos los órdenes, que por ella quizás hemos llegado a la insana costumbre de creernos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo”.

-Si lo dices porque son muchos los que ponen el grito en cielo a causa de que, en las últimas elecciones, como en las primeras, los andaluces seguimos votando al psoelismo, pese a sufrir la mayor tasa de desempleo de España, en general y, mucho más en los jóvenes; pese a los recortes típicamente andaluces aunque disfrazados de generales; pese a los bajos niveles educativos respecto al resto de país, aunque ya éste va a la zaga de muchos otros; pese a no reaccionar frente a los ERES fraudulentos y otros síntomas de corrupción… ¿Por ello nos creemos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo?

-Sólo te digo que “Tanta crítica pesimista, tan porfiado regateo, y en muchos casos negación de las cualidades de nuestros contemporáneos, nos han traído a un estado de temblor y ansiedad continuos; nadie se atreve a dar un paso, por miedo de caerse”.

-Me lo dices como si yo fuese el encargado de remediar esta situación. ¿Por qué?

-Te diré que, ciertamente, “Pensamos demasiado en nuestra debilidad y acabamos por padecerla; creemos que se nos va la cabeza, que nos duele el corazón y que se nos vicia la sangre, y de tanto decirlo y pensarlo nos vemos agobiados de crueles sufrimientos”.

-Advierto, quizás, que vemos la mota en el ojo ajeno y no vemos la tonelada de estiércol que nubla el nuestro. Advierto cierta complacencia en referir el mal. Pero de ahí a lo que me estás diciendo…

-“Para convencernos –me interrumpió- de que son ilusorios, no sería malo suspender la crítica negativa, dedicándonos todos, aunque ello parezca extraño, a infundir ánimos al enfermo, diciéndole: «Tu debilidad no es más que pereza, y tu anemia proviene del sedentarismo. Levántate y anda, tu naturaleza es fuerte: el miedo la engaña, sugiriéndole la desconfianza de sí misma, la idea errónea de que para nada sirves ya, y de que vives muriendo»”.

-¿Me quieres decir, de una soberana vez, qué pretendes de mí con tal discurso?

-“Convendría que los censores displicentes se callarán por algún tiempo, dejando que alzasen la voz los que repartan el oxígeno, la alegría, la admiración, los que alientan todo esfuerzo útil, toda iniciativa fecunda, toda idea feliz, todo acierto artístico, o de cualquier orden que sea”.

Se dio media vuelta y se alejó a grandes zancadas. Me dejó el poso de la intriga, el malestar de quien se siente acusado, el nublado triste de los incapaces de comprender.

Pero, acabo de desentrañar su juego: no es que pretendiese que todos escribiésemos La buena noticia de Manolo Montes. Es que acababa de leer el prólogo de Benito Pérez Galdós a la novela La Regenta de Clarín; había llamado tanto su atención la actualidad de sus palabras, que las hizo suyas y las iba repitiendo como el maestrillo que siempre recita su librillo.