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viernes, 29 de mayo de 2020

0029 Microcuento ENFERMA EN EL PODER


Enferma en el poder

Antonio García Velasco



Una mujer llamada Enferma quiso ser única en el gobierno de su reino. Daba vueltas a su mente sobre el modo de anular al actual rey y a todos sus ministros. Encontró la excusa perfecta cuando el rey quiso que todos admiraran su nuevo traje. En el desfile público, deslumbró a partidarios y a contrarios hasta que un niño gritó: "El rey va desnudo". Como una venda cayó de los ojos de los enemigos del monarca.

-Ha sido un truco demoniaco -dijo Enferma a sus amigos y seguidores-. Es un rey maligno, es el demonio capaz de engañar a su pueblo ingenuo y confiado. Debemos difundir esta idea. Os lo voy a recordar en un poema, porque siempre es más fácil retener la literalidad del verso que la de la prosa.

Entonces hizo que sus secuaces aprendiesen de memoria los siguientes versos:



Demonicemos al rival, consigna

que es ventajosa, tan rentable y fácil

como pintar de rojo una ventana.



Al disidente lo pintamos gris

con azufrados tintes cual demonio...

Pronto verán las masas los colores

que nuestro dedo le señale alzado.



Una batalla que ganamos, fijo,

pues parecerse a los demonios nadie

quiere, desea, tiene en objetivo.



De propaganda basta una campaña

y repetir mil veces quien es malo

porque nosotros somos buenos, santos

que ni mentimos ni de palos damos.



La campaña tuvo su recompensa y fue destronado el rey al que le gustaba el continuo estreno de trajes nuevos. Enferma fue nombrada reina y siguió demonizando a todo el que ponía en duda su legitimidad como monarca o comentaba críticamente sus abusos dictatoriales o sus errores administrativos.







martes, 14 de marzo de 2017

Microrrelato 91 Tentaciones


Tentaciones

Antonio García Velasco



Había ido a la playa, como de costumbre. Hacía un poco de frío, pero se tumbó en la toalla sobre la arena para aprovechar los rayos de sol que traspasaban las nubes. Cuando la joven se despertó, tiritando, encontró que no tenía ni bolso y ni ropa. Sólo el robo podía explicar lo ocurrido. La gente la miraba caminando apresurada hacia su casa, muerta de vergüenza y de frío. Él, al verla desasosegada, le ofreció la chaqueta, de la que ya se despojaba. Ni caso. "Vivo en este bloque -insistió él-, te puedo brindar ropa y, para comer, tengo lentejas". Ni ella misma se explicaba si aceptó por el vestido, por la comida o por el atractivo demonio que la tentaba.