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viernes, 31 de agosto de 2018

Mi novela UN DILEMA DE AMOR

Ya circula por Internet, vía Amazon, mi novela UN DILEMA DE AMOR:
Dice la nota editorial:
Mucho más que UN DILEMA DE AMOR ha de resolver Gustavo, el personaje de esta historia.
¿Quién no se ha visto, o se ve, en la necesidad de optar por una u otra propuesta? ¿Quién no ha de escoger el camino de un lado u otro en una bifurcación? Por una parte, escuchas la voz de las sirenas que te ofrecen lo que, en otros momentos, ya habías conocido: libertad, amor incondicional, paraíso. Por otra, como Ulises, el puerto final de tu viaje debe ser Ítaca, donde te espera tu esposa, tu hijo, los deberes de tu trabajo. El dilema es evidente. Con el dilema, el conflicto, el sufrimiento de escoger porque quien escoge tiene que sacrificar y un sacrificio siempre es penoso. Y, ¿era lo sacrificado mejor que lo escogido? ¿Era lo escogido mejor que lo sacrificado? Andrea es la esposa de Gustavo, a la que ama, con la que tiene un hijo. Un trabajo de éxito le hace vivir confortable y satisfactoriamente. Marita fue su amante antes de conocer a Andrea, con la que vivió momentos de dicha y enamoramiento hasta que él marchó a la ciudad donde reside y trabaja en la actualidad. Un nuevo encuentro con Marita hace revivir el amor que sintieron el uno por el otro. ¿Volver? ¿Quedarse renunciando a lo que supone su vida actual, su matrimonio, su hijo, su trabajo estable y próspero? Mucho más que UN DILEMA DE AMOR ha de resolver el personaje de esta historia. Más de un dilema se nos presenta a cualquier persona a lo largo de nuestra vida. Y, siempre, hemos de escoger. Conocemos el final del viaje de Ulises, pero ¿cuál es el final de la disyuntiva que se le presenta a Gustavo?

viernes, 2 de febrero de 2018

33 Relación condicionada


Relación condicionada

Antonio García Velasco



La llamaban compartidora desde el momento en que descubrieron que compartía su pareja con otra mujer. Ésta comprendía que era la forma más fácil de satisfacer sus necesidades sexuales. O pagaba a un gigoló o aceptaba la propuesta ofrecida por su hermana. No disponía de dinero para la primera opción. En nada era agraciada: ni cara bonita, ni tipo bien proporcionado, pechos pequeños... Laura, por el contrario, era una miss con belleza de concurso, aunque nunca había querido competir: guapa, esbelta, bien proporcionada.

-Una condición te pongo, Gerardo: que, cuando ella lo requiera, vayas a retozar con mi hermana.

-No te comprendo, Laura.

-Ya sabes como es. Y tiene las mismas necesidades que cualquier mujer. Si vas con ella, me tendrás completamente entregada a tus satisfacciones.

Totalmente enamorado de Laura, apasionado por su ser, Gerardo terminó aceptando la insólita proposición.

-Primero con ella y, después, conmigo.

El hombre acudió a casa de Ernestina, que lo esperaba con la casa a tenue luz, en ropa ligera, con una música íntima e incitadora, con una copa de licor y un brindis. Se mostró cariñosa y él, que, en principio, sentía la cáscara de los prejuicios y el rechazo, tras apurar el néctar ofrecido, respondió a las provocaciones.

-¡Oh, Gerardo, ha sido maravilloso! -exclamó ella.

-No, no ha estado mal.

-Te aviso para la próxima vez.



Cuando volvió a casa de Laura, ésta ya había recibido la llamada de su hermana, con el relato de los hechos, con la confesión eufórica y feliz de lo bien que lo había pasado. La bella miss escuchó los detalles del encuentro y comenzó a experimentar el zumbido de la excitación.

-Gerardo, vamos -dijo sin más, arrastrándolo a la habitación.

Pero el cuerpo de Gerardo no respondía ni a la belleza de ella, ni a su estriptis, ni a los besos, ni a las caricias.

-¿Tan agotado te ha dejado mi hermana?

-Supongo que sí, Laura querida. Supongo que sí. Me ha exprimido como a un limón.

-Mañana será otro día -respondió la mujer, resignada, comenzando a vestirse.

Durmieron uno junto a otro, en un roce estéril e impreciso: ella decepcionada; él, exhausto e invadido de un sentimiento agridulce. Por la mañana, no obstante, tras el desayuno, Laura y Gerardo consumaron la relación. Ella no experimentó la intensidad del placer que le había relatado Ernestina y él no quedó tan satisfecho como la noche anterior: ni había experimentado los mismos impulsos ni la necesidad de repetir dos veces más como ocurrió con Ernestina.



Los episodios se sucedieron y Gerardo, cuando iba a casa de Ernestina, con la copa, la música, la ropa ligera que la cubría, terminaba siempre entregado con una pasión fuera de lo común. Tras tales encuentros, Laura encontraba un hombre deshecho, incapaz de erección satisfactoria, mohíno y desganado. Se acercó a casa de su hermana y descubrió la sustancia que disolvía en la copa previa. Experimentó también con la media luz, la música íntima e incitadora, la ropa insinuante y la copa de la magia.

-¡Oh, Gerardo, Gerardo, hoy sí que me has satisfecho! -exclamó tras la prueba con los procedimientos de su hermana.

-¿Habremos encontrado, al fin, la clave de nuestra relación? -preguntó el hombre.



Gerardo mantuvo durante algún tiempo las relaciones con las dos hermanas. Adelgazaba de manera alarmante y decidió tomarse unas vacaciones en un monasterio, alejado de mujeres, copas y músicas que no fuesen cantos de oración y penitencia.




miércoles, 8 de febrero de 2017

57 El malentendido


El malentendido

Antonio García Velasco



Ignoraba su nacionalidad y, después de estar un rato moviéndonos al compás de la música, uno frente al otro, rozándonos rítmicamente en ocasiones, cuando nos retirábamos de la pista, se lo propuse con dulces palabras e insistente mirada a sus bellos ojos. Ella contestó con amplia sonrisa: "Nedada cróne, riovopa cróadda cenega, riopasa riasaa rerrobla, ciónpa ciónpa nerosda voblare ticró". Me lo tomé como un sí. Le cogí la mano y la conduje al rincón más oscuro. Arrojé mis labios a los suyos con la seguridad de que la pasión era recíproca y con gusto y ardor los acogería. La respuesta fue la retirada de su boca y una solemne bofetada que aún retumba en mis oídos.