domingo, 5 de octubre de 2014
viernes, 26 de septiembre de 2014
Minicuentos, minipoemas
Minirelatos, minipoemas en Twitter
Antonio García Velasco
1. Los números no cuadran / en mi cuenta corriente.// Un saldo rojo intenso con espada / marca su trazo firme, indiscutible.
2. Me rindo a la evidencia: / no es descuadre, tan sólo es que mis gastos / superan mis ingresos.
3. Mas dinero no compra / los objetos su suplan / soledades de amor.
En medio de la noche, en plena autovía, se me para el coche. De nuevo me han robado la gasolina. ¿Se lo va a creer la policía?
Amor, cariño, mi bien, ¿has soñado conmigo? Sí, mi cielo, tuve una horrible pesadilla. Tan horrible que no te la podrás creer?
Dicen que los ordenadores nunca se equivocan. Será, pues, el error del informático: Hacienda me ha devuelto cien mil euros. ¿Qué hago?
Al abrir el libro por una página al azar, encontré la clave: erradicar todo lo negativo era la consigna: toda la corrupción, por ejemplo.
¿Miedo a la oscuridad? Miedo a la luz del sol que me hiere las pupilas con sus punzadas de afiladas espadas. En un nicho oscuro permanezco.
El perro más pacífico, de pronto, siente un arrebato y se come a su dueña. No da crédito a lo ocurrido y vive la amargura del remordimiento.
Por lo menos, no cansará la lectura de cada una de estas unidades. Seguiremos.
jueves, 14 de agosto de 2014
Robar
Robos y ladrones
Antonio García Velasco
Aplaudo la reflexión del anónimo
“Podemos” a propósito de mi columna “Del poder y el dinero” (Diario la Torre,
07/08/2014). “Lejano siglo XX”, aunque con y como juego literario, propio de la
creación artística, plantea la utopía de otros mundos posibles, de otras
sociedades con auténtica justicia distributiva, regidas por la inteligencia y
no por la ambición de adinerados o/y políticos. Son sociedades que tienen que
ir construyéndose ya. Estamos muy lejos de la Era Edénica y sólo la voluntad de
todos los ciudadanos, vibrando en los mismos afanes, puede acercarnos a algo
parecido a una sociedad justa, sin espabilados ladrones que se aprovechan de su
poder para mangar a los demás; que se aprovechan de su fuerza, influencias y
medios para someter al resto; que no tienen otras miras que medrar
personalmente, bajo la consigna, “ande yo caliente / y que me vote la gente”.
Recuerdo una novela en la que el
personaje, musulmán por más señas, bebedor de whisky, a escondidas y en contra
del Corán, justificaba su afición afirmando que el único pecado digno de
condena es el robo y a ello reducía todas las conductas negativas. Matar, por
ejemplo, es uno de los peores robos, no sólo el de la vida a la víctima, sino,
también, el del ser querido a sus familiares y amigos. Bombardear y destruir
casas es robar la vivienda y enseres a muchos otros. Robar es también
administrar mal y, sobre todo en provecho propio, los dineros públicos,
conseguidos a base de impuestos no siempre justos. Robar es la atribución de
sueldos desorbitados, por más que digan algunos que si no es por los sueldos
altos, los puestos público-privados de mayor responsabilidad no estarían en
manos de los mejores. (Pero, ¿quiénes son los mejores? ¿Para qué necesitamos a
esos “mejores” u “honorables”, por ejemplo, con cargos que son aprovechados
para amasar delictivas fortunas? ¿Para qué o para quiénes son tan “mejores”?).
Provocar una guerra es crear un clima de robos generalizados… Y podríamos
seguir los ejemplos, sin duda.
A nadie puede extrañar el grito
multitudinario “Estamos de ladrones / hasta los cojones”. Como nadie puede
condenar aquel grito de las paredes primero y de las piedras y cascotes de su
destrucción de después: “Las leyes que no nacen del corazón de todos los
humanos reunidos son putas, asquerosas leyes”. Es el argumento de un cuento,
aún inédito, que escribí en los años setenta, antes de que la dictadura
perdiera su caudillo y adquiriese formas más sutiles de dominio, control y
explotación de masas.
viernes, 8 de agosto de 2014
Del poder y el dinero
Del poder y el dinero
Antonio García Velasco
Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, en un país tenían la costumbre de elegir a un hombre como señor para un solo año, durante el cual lo obedecían en todo. Pero al terminar el año, le quitaban cuanto poseía, lo llevaban a una isla desierta y lo dejaban desnudo, sin permitir que nadie lo acompañara.
Urge, sin duda, arreglar –regular- los asuntos político-sociales y dejar fijados sueldos, prebendas, privilegios, pensiones de los políticos. Como urge solucionar el problema del paro y el de las desigualdades sociales. Una acertada justicia distributiva nos proporcionaría grandes beneficios a todos. Pero, a la corta, perjudicaría a quienes tanto han “trincado” de la sociedad en la que vivimos, dueños del poder, por otra parte. Y, al fin y al cabo, ¿para qué? ¿Para tener los millones almacenados en bancos foráneos? ¿Para disfrutar de una tranquilidad por el respaldo de lo que han guardado? ¿Por alardear de poder y dinero? ¿Para ser o tener más que otros? (Ser y tener son cosas bien opuestas). ¿Para sentirse pagado por su “astucia”, “gobierno”, “gerencia”, “manipulación”? ¿Por ambición sobrada?
Si estuviese escribiendo un sermón recordaría aquello de “Por este mundo vano, fugaz, perecedero, / no pierdas nunca el otro, mucho más duradero”. Pero los sermones son para los curas y obispos en las iglesias y hoy nadie parece escucharlos y seguir una conducta para ganarse el cielo, acaso sí, “el pan nuestro de cada día”.
Si fuese un juez indagaría para ver el crimen que siempre se esconde tras las grandes y muchas medianas fortunas. Y, acaso también, de los grandes sueldos desorbitados e injustificados. Pero, ahora, sólo soy una persona que reflexiona, piensa en voz alta, copia sus pensamientos con un teclado y un procesador de textos, gracias a una máquina multiusos. Acaso el consuelo de formar parte del Humanismo solidario y de imaginar mundos utópicos y plasmarlos en una novelita como “Lejano siglo XX”.
lunes, 4 de agosto de 2014
Lejano siglo XX
LEJANO SIGLO XX
Antonio García Velasco
Espero, simplemente que los lectores no se sientan desfaudados por los episodios que se cuentan, situados en el año 3945 de la Era Edénica, pues en una especie de edén viven los humanos, con un solo problema: no todos pueden esperar satisfactoriamente el alcanzar la mayoría social de los sesenta años, edad de la adquisición de responsabilidades y, por supuesto, de un trabajo, no remunerados, pues todos pueden gozar de todo con absoluta libertad. La utopía está servida.
martes, 22 de julio de 2014
Número 2 de Sur. Revista de Literatura
Se ha prendido a la luz de Internet, el número 2 de SUR. REVISTA DE LITERATURA. Si en el
primero, en homenaje a Albert Camus, se publicaban una serie de artículos de
estudio y acercamiento a la obra de este autor, ahora diversos autores se unen a la
conmemoración de los 75 años de la muerte de Antonio Machado con
artículos sobre su obra y/o su actitud vital, en la esperanza de que sirvan para
conocer mejor al poeta sevillano, andaluz, universal.
La
revista abarca cuatro secciones: Artículos del homenaje, Creaciones, Reseñas y
Primeras páginas. Tiene un total de casi 240 páginas.
Acceso en: www.sur-revista-de-literatura.com
domingo, 1 de junio de 2014
El estado presente de nuestra cultura y sociedad
El estado presente de nuestra
cultura
Antonio García Velasco
Se
me acercó con tiento y casi en un susurro me dijo al oído: “El estado presente
de nuestra cultura, incierto y un tanto enfermizo, con desalientos y
suspicacias de enfermo de aprensión, nos impone la crítica afirmativa,
consistente en hablar de lo que creemos bueno, guardándonos el juicio
desfavorable de los errores, desaciertos y tonterías”.
-¿Por
qué me lo dices? –pregunté como quien se defiende de un ataque inesperado.
¿Acaso no hablo sólo de los libros que me gustan? ¿Acaso no evito las críticas
directas a personas concretas?
-No
te me ofendas –contestó-: “Se ha ejercido tanto la crítica negativa en todos
los órdenes, que por ella quizás hemos llegado a la insana costumbre de
creernos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo”.
-Si
lo dices porque son muchos los que ponen el grito en cielo a causa de que, en
las últimas elecciones, como en las primeras, los andaluces seguimos votando al
psoelismo, pese a sufrir la mayor tasa de desempleo de España, en general y,
mucho más en los jóvenes; pese a los recortes típicamente andaluces aunque
disfrazados de generales; pese a los bajos niveles educativos respecto al resto
de país, aunque ya éste va a la zaga de muchos otros; pese a no reaccionar
frente a los ERES fraudulentos y otros síntomas de corrupción… ¿Por ello nos
creemos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo?
-Sólo
te digo que “Tanta crítica pesimista, tan porfiado regateo, y en muchos casos
negación de las cualidades de nuestros contemporáneos, nos han traído a un
estado de temblor y ansiedad continuos; nadie se atreve a dar un paso, por
miedo de caerse”.
-Me
lo dices como si yo fuese el encargado de remediar esta situación. ¿Por qué?
-Te
diré que, ciertamente, “Pensamos demasiado en nuestra debilidad y acabamos por
padecerla; creemos que se nos va la cabeza, que nos duele el corazón y que se
nos vicia la sangre, y de tanto decirlo y pensarlo nos vemos agobiados de
crueles sufrimientos”.
-Advierto,
quizás, que vemos la mota en el ojo ajeno y no vemos la tonelada de estiércol
que nubla el nuestro. Advierto cierta complacencia en referir el mal. Pero de
ahí a lo que me estás diciendo…
-“Para
convencernos –me interrumpió- de que son ilusorios, no sería malo suspender la
crítica negativa, dedicándonos todos, aunque ello parezca extraño, a infundir
ánimos al enfermo, diciéndole: «Tu debilidad no es más que pereza, y tu anemia
proviene del sedentarismo. Levántate y anda, tu naturaleza es fuerte: el miedo
la engaña, sugiriéndole la desconfianza de sí misma, la idea errónea de que
para nada sirves ya, y de que vives muriendo»”.
-¿Me
quieres decir, de una soberana vez, qué pretendes de mí con tal discurso?
-“Convendría
que los censores displicentes se callarán por algún tiempo, dejando que alzasen
la voz los que repartan el oxígeno, la alegría, la admiración, los que alientan
todo esfuerzo útil, toda iniciativa fecunda, toda idea feliz, todo acierto
artístico, o de cualquier orden que sea”.
Se
dio media vuelta y se alejó a grandes zancadas. Me dejó el poso de la intriga,
el malestar de quien se siente acusado, el nublado triste de los incapaces de
comprender.
Pero,
acabo de desentrañar su juego: no es que pretendiese que todos escribiésemos La buena noticia de Manolo Montes. Es
que acababa de leer el prólogo de Benito Pérez Galdós a la novela La Regenta de Clarín; había llamado
tanto su atención la actualidad de sus palabras, que las hizo suyas y las iba
repitiendo como el maestrillo que siempre recita su librillo.
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