martes, 20 de marzo de 2018

64 El piloto


El piloto

Antonio García Velasco



Los cuatro cazas del ejército del aire iban en estricta y perfecta formación, ni un milímetro adelantaba uno al otro. La exhibición transcurría con éxito absoluto. De pronto, uno comenzó a quedarse atrás. a no responder a las llamadas de control. Era como si algo hubiese puesto freno al vuelo, como si una poderosa fuerza le impidiera avanzar obligándolo a caer. Vino a estrellarse en un campo sembrado de girasoles, pero, por fortuna, el piloto tuvo tiempo de accionar la palanca de expulsión y salvó la vida. Ni él ni, tras examinar las cajas negras, los técnicos pudieron explicar la causa del repentino accidente. Máximo de Guevara cerró tras la caída una etapa de su vida de la que no quería acordarse.

-¿Tanto fue el miedo, tanto te ha impresionado el caso? Por muy traumático que haya sido no te puedes recluir en casa. Tienes que reponerte, asimilarlo, superarlo. Deja de atormentarte.

Dio todas las explicaciones a los mandos del ejército, detalló hasta la más mínima brizna de sus recuerdos e incluso de sus sensaciones. Pero ocultó la aparición en la cabina del extraño ser al que atribuía la tragedia. Si hubiese contado la verdad de la historia, con toda seguridad, lo tacharían de loco y visionario. Pero no tenía la menor duda.

Se preguntaba quién era, de dónde, cómo había accedido al reducido recinto de pilotaje. Se planteaba la posibilidad de un ser extraplanetario, con cara de gato, manos humanas, inteligencia superior y dimensiones reducidas, pues no levantaba una cuarta. ¿O sería su propia imaginación empeñada en justificar un descuido que podría haber sido catastrófico si el avión llega a estrellarse en medio de la población, contra algún edificio?

-Papá, papá, ¿los extraterrestres existen? -le preguntó su hijo, el pequeño Máximo de cinco años.

-No se sabe -dijo él-. Hay muchos muchísimos planetas que tienen condiciones para que vivan como vivimos en la Tierra. Pero no lo sabemos con seguridad.

-Si vinieran a la Tierra, ¿serían buenos con nosotros?

-Claro que sí -dijo para no alarmar al niño.

Si aquel ser había sido la causa de la pérdida del avión, ¿se habría salvado del estrellamiento? ¿Dónde estaba si no había perecido? ¿Tendría compañeros, semejantes?

-Lo más penoso es que fuese fruto de mi imaginación para justificar mis fallos -se decía-. ¿Por qué no me he atrevido a confesar la manipulación que efectuó el extraño ser? Muchas películas se han creado con protagonistas pequeños e inteligentes, burladores de los humanos... ¿No estaré yo influido por esos pitufos, gremlins o similares que se ven en el cine?

-Papá, papá, ¿los pitufos existen?

-No, claro que no, sólo son fantasías.

-¿Qué son fantasías?

-Cosas que se imaginan y no son de verdad.

-Yo imagino que vuelo, papá. ¿Eso es fantasía?

-En un avión podemos volar, pero nosotros no tenemos alas para volar como vuelan los pajarillos.

-¿Los gremlins existen, papá? Mi amigo Carlos dice que ha visto una película.

-No, no existen, son también seres fantásticos, imaginados.

-Dice que eran malos, aunque algunos no tanto.

-No te preocupes, Máximo, que son imaginaciones de los que hacen las películas.

-¿Tú sabes quién es Cutat, papá?

-No, ¿quién?

-Es un gato, pero no es un gato... Es...

En ese momento llegó la madre, el niño corrió a abrazarla y olvidó la descripción de Cutat. El padre quedó sumido en el pozo de la perplejidad y la confusión. Hablaría con su hijo para que le explicara quien era Cutat.


3 comentarios:

  1. Los escarceos de la memoria con la realidad y lo imaginario, en casos concretos, nos atormentan con la duda. Algunas incógnitas para clarificarlas dependen, con sutilidad extraordinaria y desconocida, de un simple matiz.
    No resulta sensato desdeñar ningún lugar ni persona para encontrar los matices. De uno sólo de ellos depende, demasiadas veces, ilusionarse, desentrañar un desengaño superable o emprender un gran proyecto.

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  2. ¿Qué es realidad, qué ficción, qué realidad ficticia, qué ficción realista? La realidad depende de como la veamos, "todo es según el color del cristal con que se mira", dijo Campoamor. ¿Vería el piloto el juguete de su hijo y lo confundió con un ser real que provocó el accidente?

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  3. Puede ser que confundiera, en su mente, ese juguete con algo distinto. No lo deduzco así del relato. Otra cosa es que lo hubiera visto en casa y la memoria le jugara una mala pasada. Pero, hablamos de un piloto de caza. Las misteriosas desapariciones de naves, aunque sigan sin explicación pública, me parecen mas plausibles.
    A la par que un libro de literatura, precisamente la semana pasada, empecé a leer "El porvenir de una ilusión" de Sigmund Freud. Contiene sugerencias muy interesantes sobres las interrogantes que planteas. Son razonables. Los escritores nos movemos en torno a ellas.

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