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martes, 2 de febrero de 2021

051 Microcuento CONTUSIONES

                                                                 

Contusiones

Antonio García Velasco

 

Iba en el caballo negro y sofocante de sus pensamientos acongojados. No se dio cuenta de la piedra suelta y cayó por la pendiente, rodando hasta pararse sobre un regolito o depósito de detritus rocosos. Se notaba las magulladuras producidas por los roces con las piedras del suelo. El verderón de una planta llamó su dolorosa atención. Elevó la mirada hacia la fronda de un árbol gigantesco que se le antojó un dragón que iba a devorarla. Intentó levantarse y no pudo. Un pajarraco negro cruzó en aquel momento y sus excrementos se estamparon sobre su cara.

—¡Lo que me faltaba! —exclamó tratando de limpiarse y asqueando el gesto y la agitación de las manos.

Llegaron, por fin, sus compañeras de excursión y le prestaron ayuda. Regresaron al lugar donde habían montado las tiendas antes de subir al cerro.

—Yo no estoy para dormir en el suelo metida en un saco —anunció—. Pero no quiero estropearos los planes. ¿Cómo podría regresar a casa?

—Si te tienes que ir, nos vamos todas contigo.

Y no se habló más. Recogieron los bártulos, los cargaron en el coche y emprendieron la vuelta a la ciudad.

—De verdad que lo siento —dijo la contusionada.

—¿Te llevamos al hospital?

—Creo que no hace falta. Cuando descanse esta noche, me encontraré mejor.

—¿Nos quedamos alguna contigo?

—Oh, no, bastante os he fastidiado ya.

Se esperó hasta que el coche de sus amigas hubo desaparecido. Entró en el portal de la casa. Subió a su piso. Se encontró a su novio esperándola.

—Te dije que no quería volver a verte —le reprochó ella— ¿Por qué has venido? ¿Qué es lo que no has entendido cuando te dije que no quería volver a verte?

—Quiero estar contigo.

—¡Vete!

—Escúchame, mujer. Perdóname. Deja que me quede contigo.

—Te lo dije bien claro: no quiero verte más.

Él se acercó con intención de agarrarle la mano. Ella lo rechazó y volvió a insistir en que se marchara.

—Te denuncio por acoso como no te vayas —amenazó ella.

—No te atreverás. Sé que me deseas tanto como yo a ti —se le enfrentó él, riendo, como si no fuese el primer intento de ruptura.

Y ella, en silencio, recogió su bolso y las llaves, se salió a la calle sin escuchar las llamadas del hombre, paró un taxi y se fue a urgencias. El médico certificó los numerosos hematomas que marcaban su cuerpo. Con aquel certificado se fue a la policía.

 

 


lunes, 5 de marzo de 2018

55 El descubierto inmundo


El descubierto inmundo

Antonio García Velasco



Como un caballo que retrecha, Fernando Toro retrocedió al sentirse acosado. Nadie lo amenazaba de momento, pero, en las cuentas que había presentado como contable, existía un oscuro agujero misterioso que más sabía a inmundo defalco que a simple traspié.

-Te pensabas que nunca ibas a ser descubierto, ¿verdad?

-Puedo explicar el error.

-¿Error?

-Puedo explicarlo, os lo juro.

-Si nuestra empresa fuese mafiosa, te empozábamos sin más. ¿Dónde está el dinero que falta?

Y añadió otro socio:

-De modo que, según tus cuentas, somos quienes más políticos hemos comprado, quienes más hemos contribuido a la corrupción de este país... ¿Dónde está el dinero que falta?

-Fue una operación a vida o muerte. Me lo gasté en curar a mi hija. Pensaba devolverlo poco a poco.

-Y te hemos descubierto antes, ¿no es cierto? Siempre venís con el mismo cuento. De putas y cocaína te lo has gastado todo.

-Juro por mi vida que lo he gastado buscando la salvación de mi pobre hija. La puse en manos del mejor cirujano de los Estados Unidos, que pedía un dineral. Más el viaje y la estancia de mi mujer allí. Lo juro por lo más sagrado.

-Nada hay sagrado para un ladrón vicioso como tú.

-No he robado, ni hablar. He cogido prestado el dinero, aunque sin permiso.

-Y justificas la falta con pagos falsos a los políticos de turno. Que, cierto, en ocasiones hemos tenido que untar la manteca, pero ¿tanto?

-Tuve que afrontar los pagos de la operación de mi pobre hija enferma.



No existía su pobre hija. Fernando Toro era un maduro solterón emponzoñado en el juego, las mujeres y, como le dijeron, la cocaína. Se las daba de virtuoso, marido fiel y buen padre de familia. En más de una ocasión había pedido anticipos para regalar a su familia, para llevarla de vacaciones, para curar supuestas y costosas enfermedades. Ahora había llegado demasiado lejos con fingido y millonario gasto.

-Te denunciaremos, Fernando, por defraudar a la empresa. Has acabado tu carrera de contable y gestor. Nadie volverá a contratar tus servicios.



Aquella noche, cuando Fernando Toro se entrevistó con Micaela Díaz se lo dijo bien claro:

-Tu padre es el principal accionista de Construcciones Elevadas. O arreglas mi despido y evitas la denuncia que me van a poner, o habremos terminado. Será difícil volver a celebrar nuestras juergas íntimas a base de buenos licores y abundante coca.

-Enganchada me tienes a ti y a tus vicios, Fernando. Veré lo que puedo hacer.

-Que desvíe a mi cuenta la cantidad que falta. Yo la devuelvo y ya me las arreglaré para que me dejen en el puesto. O dimitiré saliendo por la puerta grande.

-¿Va a disponer mi padre de tanto dinero?

-Conozco las cuentas de todos ellos. Dile, si te parece, que no quiero ni siquiera amenazar con tirar de la manta. Que ingrese el dinero en mi cuenta, sin que nadie se entere, y yo lo devuelvo alegando descuido o, como les he dicho, que me lo gasté en la enfermedad de mi hija.

-¿No estás soltero, Fernando?

-Claro que lo estoy, pero es el cuento que les he disparado a bocajarro. No creo que con mucho éxito.



Se ignora lo que contó la hija del empresario, pero, éste accedió a ingresar el dinero en la cuenta del contable, que, con la cartera llena y el pasaporte en regla, huyó al país de irás y no volverás. Desapareció para siempre. Por más denuncias que pusieron, por más búsquedas de la policía, por más detectives privados que contrataron para investigar, nunca averiguaron el paradero de Fernando Toro. Micaela Díaz superó el mono buscándose otros proveedores, aunque menos viciosos, imaginativos y divertidos que su amante desaparecido.