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jueves, 26 de mayo de 2022

098 Microcuento ¿VERISMO?

 

¿Verismo?

Antonio García Velasco

 

Acababa de comprar un cucurucho de helado de vainilla con chocolate. Escuchó una prolongada pitada y antes de llevarse a la boca la apetitosa bola que sobresalía del cono de galleta, ya estaba ella zamarreándolo como si se tratara de la presa que un lobo tuviese atrapada entre los dientes.

—El médico te ha prohibido que comas helado. No me seas inconsciente del peligro que supone que ingieras azúcar.

El helado había caído sobre los ladrillos de la acera y el hombre sufría estoicamente el zarandeo y la pérdida de su golosina.

—De todas formas me voy a morir pronto. ¿No puedo permitirme un capricho?

—No tienes derecho a precipitar tu muerte comiendo lo que los médicos te tienen prohibido.

La mujer había dejado de violentarlo, salvo en el hecho de tomarlo del brazo y tratar de apartarlo del lugar en el que se apilaban los curiosos.

—Señora, señora, no es plan de tratar así al pobre hombre.

—Lo trato como me sale de las entrañas. No es cosa vuestra. No quiero que se me muera de un ataque de hiperglucemia...

—¿Y tenía que zamarrearlo de esa manera?

—No me quiere hacer caso y el médico le ha prohibido los helados, los pasteles... ¡Y qué tiene que importaros a vosotros? ¡Largo, largo!

Apresuró el paso tirando de la manga del marido hasta que se alejó del grupo de los inesperados espectadores.

—No vuelvas a hacerlo, no vuelvas a poner en peligro tu vida.

—Santa mujer, no te preocupes: tengo hecho un seguro de vida en tu favor.

 

viernes, 3 de febrero de 2017

51 La Medicina


Medicina

Antonio García Velasco



Pese a todos los impedimentos y recortes en el I+D+I, continuó trabajando y trabajando hasta que descubrió la medicina que curaba todas las enfermedades conocidas y desconocidas. Pero no quiso hacer negocio con la fórmula y, por otra parte, si un laboratorio farmacéutico la comercializaba, ¿a qué precio para no arruinar todo el negocio de tantas y tantas empresas que viven de la fabricación de medicinas? No le dejaron probar el fruto de tantas y tantas horas de investigación. Pero la ocasión se presentó un buen día que ingresaron a su hija en el hospital con una extraña dolencia. Le proporcionó la medicina y la joven sanó al poco tiempo. Achacaron la curación a un milagro y no al producto elaborado por su padre. Después, el investigador se limitó a suministrar la medicina a escondidas de otros facultativos, que observaban que cada vez iban a buscarlo más pacientes y todos sanaban. Creció su fama de curandero y lo despidieron del hospital por proporcionar medicamentos no recomendados por Sanidad. Ejerció la medicina desde su casa, hasta que una mañana de mucha demanda, una bomba acabó con todo el edificio.