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jueves, 28 de julio de 2022

3 libros 3 de Antonio García Velasco

 

3 Libros 3 de Antonio García Velasco

 

Últimos libros para información, recopilación, constancia y porque a alguno puede interesar:

 


Libro de cuentos con prólogo de la catedrática de Literatura de la Universidad de Cádiz, Virtudes Atero Burgos: EL PUÑAL EN LA ESQUINA DE LA MESA (Portada de Mariano Fernández Cornejo): “Las narraciones transitan por los más variados mundos: el amor, el deseo, la libertad, el miedo, las relaciones con los otros, el sexo y… el humor, el puro regocijo, la ironía…”


PASATIEMPOS CON PALABRAS Y CITAS DEL QUIJOTE, es uno de esos libros no escritos, o sea, confeccionados mediante aplicaciones informáticas que he desarrollado con fines didácticos o para estudios filológicos. Un divertido conjunto de sopas de letras, criptogramas, caligramas y relaciones de enunciados. Está basado en las primeras mil palabras lexicales del Quijote ordenadas alfabéticamente.




 DUEF OF REFLECTION, libro singular, editado en Japón, en español, inglés y japonés. Son haikus. Cien haikus originales que fueron replicados y traducidos por la poeta japonesa Ikuyo Yoshimura de modo que aparecen otros cien de ella, en japonés, inglés y versión al español hecha por mí.


domingo, 6 de enero de 2019

78 El puñal sobre el filo de la mesa


El puñal sobre el filo de la mesa

Antonio García Velasco



Era uno más de los alcanzados que, según me explicó, significaba que estaba empeñado, endeudado, falto de recursos, necesitado. Un afilado puñal refulgía sobre el pico de la mesa.

-No estarás pensando en hacer una tontería, ¿verdad? -pregunté mirando el arma.

Dirigió la mirada hacia la corta daga. Después fijó en mí sus intensos ojos. Sonrió.

-Es lo último que debe pasarte por la cabeza. Mientras hay vida, hay esperanza. Ya sabes que puedes contar conmigo para todo y disponer de cuanto poseo. Si atentas contra ti...

-No te preocupes -me interrumpió-. Puedes marcharte tranquilo, absolutamente tranquilo.

-¿Lo prometes?

-Y lo juro.

Me retiré con la imagen del afilado puñal refulgiendo sobre la esquina de la mesa del salón.

El sobreentendido de aquel "y lo juro" se me revelaba ahora como totalmente ambiguo. Me preocupó la ambigüedad. ¿Qué había jurado o prometido? ¿Que podía irme tranquilo? ¿Tranquilo por qué? ¿Significaban aquellas palabras que no se iba a quitar la vida? ¿Solamente que me fuese tranquilo pasara lo que pasara?

No lo veía desesperado. Pero es que siempre aparentó tranquilidad, incluso en los momentos de más desdicha. Me consta que su amargura era ilimitada, pues había llegado a la ruina total... No podía alejarme tranquilo y volví alocado.



El puñal permanecía impoluto sobre la mesa. Pero Ernesto Mancillo había desaparecido. Lo busqué por todas las habitaciones. Registro minucioso. Ni rastro. ¡Qué mixtura de sensaciones en mi ánimo! Era más que un buen amigo para mí y lamentaría sus lesiones, sus heridas, su muerte. Llamé a Patricia Cáliz, a la que, en ocasiones, se refería como a su novia. No me cogió el teléfono. Corrí hacia su casa en la confianza presuntuosa de encontrarla. Vana ilusión, me dije, si no descuelga o pulsa el verde del móvil... ¿Y si está con él? Ese es mi consuelo y, a la vez, la fuente de mi desdicha.

Llamé a la puerta con timbrazo prolongado y apurado. La casa me sonaba a vacía. Pero...

-¿Quién es? -respondió una voz que acaba de romper el cascarón de un éxtasis o sueño.

-Soy Jacinto, Patricia. Abre.

Me abrió abrochándose la bata que cubría su desnudez.

-No sé dónde está Ernesto... ¿Conoces tú su paradero?

Sonrió.

-Está en la ruina, sí. Pero me ama. Y lo amo. El amor es siempre una tabla de salvación, un clavo al que agarrarse para no caer...

Apareció el presuntamente desaparecido, cubriéndose con un batín y calzado con zapatillas caseras.

-Ya te dije que marcharas tranquilo.

-Siento mucho haberos interrumpido -dije con voz ahogada por una desgarradora mezcla de sentimientos. Me di media vuelta para abandonar el apartamento.

Regresé a la casa de Ernesto. Sólo en el cuchillo, encontraría el consuelo a mi desdicha.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Microrrelato 64 Ajustes de cuentas


Ajustes de cuentas

Antonio García Velasco



Llegó a su casa sangrando a causa de la puñalada trapera que le habían dado en el pecho. Por fortuna para él, la hoja no había rozado ningún órgano vital. "Vamos a urgencias", dijo la mujer. "Tendré que dar muchas explicaciones", se resistió él. "Pero no puedes seguir perdiendo sangre". "Eso lo remedio yo con nevadilla", anunció su madre. Aquella misma mañana había recogido un buen ramo de la planta, en la rambla "El Pino", por la playa de poniente. Hizo un emplasto y lo aplicó sobre la herida. El poder astringente de la nevadilla hizo el milagro de la cicatrización en pocos días. Pero no curó los deseos de venganza del herido que, en la primera ocasión, roció con aldehídos los ojos del sicario, el cual, asimilada su ceguera, consiguió un puesto de vendedor de la ONCE. Ahora vende cupones en la puerta de un supermercado. Un día la mujer de los emplastos de nevadilla le compró un boleto que resultó premiado con un sueldazo de cinco mil euros al mes durante veinte años.