Versos para una pregunta sin respuesta
Antonio García Velasco
La
insultaron porque había dado una opinión contraria a lo que, en aquel círculo,
se consideraba correcto. Ni la frase evangélica de dudoso origen es aceptable:
"Quien no está conmigo está contra mí". Dudaba que eso pudiera
haberlo dicho Jesús de Nazaret, que sería una persona ecuánime y sensata. Uno
puede no estar con otro, pero no tiene que estar contra él, simplemente puede
discrepar. Pero a ella la estaban insultando simplemente por opinar de modo
contrario a quienes estaban en el lugar. Se marchó azorada y, al llegar a su
casa, escribió:
Versos
para una pregunta sin respuesta
¿Cuándo
dejar podremos los insultos
a
quien no piensa como yo lo pienso?
¿Cuándo
dejar los odios burdos, zafios,
a
quienes no comparten la supuesta,
convencional
verdad que marca el curso
libre,
sensato de la mente libre?
¿Cuándo
será que democracia sea
un
sentimiento puro, no la pose
que
compartir queremos sólo, a secas,
con
quienes piensan tal pensamos nos?
Me
maravilla el fácil descalabro
que
se quisiera para quienes no
comulgarán
con las ideas mías.
Me
maravilla el fácil anular
a
quienes no votaron nuestro voto.
El
corazón demócrata nos falta.
El
egocentro dictador nos sobra.
Con
frecuencia el escritor y, después, el lector encuentran en la literatura el
consuelo que le niega la vida. Pero, en esta ocasión, tras dar por terminados
aquellos versos, un puño férreo, descomunal, implacable salió de la pantalla
del monitor y la golpeó en la cara. Desmayada la encontraron al mediodía y, al
ser reanimada, comenzó a repetir como disco rayado. "¿Cuándo dejar
podremos los insultos / a quien no piensa como yo lo pienso?".