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viernes, 25 de noviembre de 2022

Breves 03 ¿Sólo el que roba triunfa y manda?

 

¿Sólo el que roba triunfa y manda?

Antonio García Velasco


     Cuando habla Quevedo, ¡sálvese quien pueda! Y es que Quevedo, como dijo Borges, nunca gozará del favor ni del fervor del público. Acaso de los muy entendidos. Y tampoco. Nos dejó escrito: “Toda esta vida es hurtar, / no es el ser ladrón afrenta, / que como este mundo es venta, / en él es proprio el robar. / Nadie verás castigar / porque hurta plata o cobre: / que al que azotan es por pobre / de suerte, favor y trazas. / Este mundo es juego de bazas, / que sólo el que roba triunfa y manda”. ¿A quiénes señalaba en su época? ¿A quiénes señala ahora? ¿Tiene razón, no la tiene? ¿Quiénes se benefician de la subida de precios generalizada? ¿Quiénes ganan con la inflación? ¿Qué pescadores revuelven el río, pues “a río revuelto…” ya se sabe? Quevedo estuvo encerrado por bocazas, pero “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente. / silencio avises, o amenaces miedo”. Luego fue calificado de “maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo”. ¡Cualquiera salva a Quevedo!

martes, 24 de marzo de 2020

Microcuento 16 EL ROBO A CARMINA


El robo a Carmina

Antonio García Velasco



Mediante un ligero palpamiento, Carmina, la ciega, descubrió que la carátula de la persona que se le había acercado era gelatinosa y horripilante. Retrocedió espantada, aunque el enmascarado ya la había agarrado por la muñeca con fuerza inusitada. Gritó Carmina hasta que la mano enguantada le dejó libre el brazo para oprimirle la boca y dominarla contra la pared.

De pronto se vio libre del avasallamiento. El opresor se alejaba. Comprobó que el importe de la venta de los cupones y ciertos boletos habían desaparecido.

Denunció el robo y la violencia. Mas, al día siguiente, retiró la denuncia: "Te dejo un regalo, Carmina", escuchó, mientras le hurgaban en la bolsa que llevaba en bandolera. Un fajo de billetes de cincuenta euros le había dejado la persona de la misteriosa voz: "Soñé que el número que te robé sería el premiado y no tenía dinero para comprar los boletos. Disculpa".



viernes, 12 de enero de 2018

12 El bardo del centro de acogida


El bardo del centro de acogida

Antonio García Velasco



Cuando fui como voluntario para ayudar en el centro de acogida, tuve la suerte de encontrármelo. Me dijo en correcto español que era un bardo moderno, o sea, un poeta de ascendencia celta. Hablamos mucho durante los días de mi voluntariado, tanto de refugiados, condiciones de vida y derechos humanos como de poesía y literatura en general.

Una tarde, conseguí los permisos necesarios para que viniese conmigo al Ateneo. Pasé por la joyería a hacer unos recados para mi hermana y, luego, llegué a la librería para recoger un volumen que tenía encargado.

Ignoro como se las arregló, pero en la joyería trasladó a sus bolsillos un carísimo anillo y, en la librería, sustrajo las poesías completas de Luis Cernuda, en un grueso volumen.

Me dijo a modo de explicación:

-El de la joyería no se va a arruinar y el robo de libros siempre está perdonado, en tanto que resulta un acto de difusión de la cultura. Y no existe causa más bella, después de la causa útil de dar de comer al hambriento.

-Espero que no me culpen a mí, que son amigos los de la joyería.

-Honorable señor, no le culparán a usted, aunque sospechen de su acompañante.

-Confiemos en que no nos relacionen con el robo.

Llegamos al Ateneo donde estaban invitados a leer poesía dos conocidos autores de la ciudad. Yo debía presentarlos y, con el permiso de los invitados, conseguí que mi bardo leyera, en voz original y en versión española, uno de sus poemas:



Hiciera un hurto y mil robos

por tu mano delicada.

Para pedirte limosna

de amor y de dulces labios.

Acéptame este regalo

conseguido para ti.

Por favor, no lo rechaces.

Quiero ponerlo en tu mano.



El muy lerdo dijo que los versos los había improvisado para mí y que, por mí, volvería a robar. También quiso regalarme el libro de Cernuda.

-Te has confundido, amigo. Tengo una esposa y dos hijos.

Se volvió corriendo, decepcionado, al centro de acogida. Aunque sigo con mi labor de voluntario, no lo he vuelto a ver.

viernes, 28 de abril de 2017

Microrrelato 132 Lamentable percance


Lamentable percance

Antonio García Velasco





Quería llamarla desde un teléfono público y no tenía ni una triste moneda en el bolsillo. La imaginaba en la piscina, tumbada sobre una colchoneta en el fresquito del agua. La imaginaba feliz y él, después de sufrir un asalto, se sentía desamparado y desgraciado. No le quedaba otro remedio que denunciar el robo a la policía y, después, acudir a buscarla para contarle el lamentable percance por el que no había acudido a tiempo a la cita.

viernes, 31 de marzo de 2017

Microrrelato 108 La bailarina ratera


La bailarina ratera

Antonio García Velasco



Iba por la calle causando la admiración con sus pasos de danza. La acompañaba una música invisible que se hacía oír por los transeúntes. Se acercaba con sus cabriolas a cualquier persona y, sin que nadie se diera cuenta, le hurtaba la cartera del bolsillo o el monedero del bolso. Todos celebraban la melodía que envolvía la situación y la agilidad de sus pasos de bailarina. Nadie advertía la presteza de su mano apoderándose de lo ajeno. Cuando los robados advertían la falta, ya se encontraban lejos del lugar y no se explicaban lo ocurrido, en qué momento. Habían celebrado el encuentro feliz de aquel espectáculo callejero, lo habían gozado. No podían imaginar una preciosa bailarina ratera, no podían concebir que tanto arte como derrochaba aquella joven fuese la causa del desaguisado de un robo. Un buen día, un curioso estaba obnubilado por los brazos y piernas danzantes, pero sus rápidos reflejos detuvieron la mano que intentaba despojarlo de su dinero. La mujer renunció al botín y continuó danzando como si nada hubiese ocurrido.