martes, 13 de diciembre de 2016

Cambio de vida


Cambio de vida

Antonio García Velasco



En aquellos momentos, tenía una sola moneda en el bolsillo. La ocurrencia fue comprar un boleto de lotería. Un golpe de suerte lo favoreció con un premio de varios millones de euros. Hasta su exnovia, que rompió con él por considerarlo un inútil fracasado, trató de volver. Los banqueros, que antes le habían denegado ayuda, lo buscaron para que invirtiese sus dineros en los fondos más rentables. Se llevó a casa todo el caudal conseguido. Un día salió con un maletín cargado de billetes y un muchacho se lo arrebató. El ladrón salió corriendo con el botín cuando, al cruzar la calzada, un coche derrapó atropellándolo. Para el conductor, la culpa fue del mal estado del asfalto y no de la velocidad. Él, que había contemplado lo ocurrido, pensó "Sólo el dinero es culpable". Comenzó a repartir billetes y monedas por la calle. La gente lo tomó por loco y, muy pronto, quedó internado en un centro psiquiátrico.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La venta de esclavos


La venta de esclavos

Antonio García Velasco




Un rey, sentado en una tribuna, presenciaba la venta de esclavos. Un médico trabajaba tanto en la investigación de remedios medicinales que sus compañeros comenzaron a preguntarle si es que pensaba heredar el hospital o curar él solo a todos los enfermos del mundo. Conocida tal dedicación por el rey, lo mandó llamar. "En primer lugar, Majestad, no admito la esclavitud", dijo el doctor, sin esperar a que el monarca, absorto en la contemplación de la subasta y de la animadora, le permitiese hablar. "Eres atrevido en verdad. ¿Se puede saber por qué no admites la esclavitud?". "Todos los seres humanos somos iguales". "¿Todos son reyes? Estás desvariando". La bailarina seguía sus movimientos ajena a la escena de la tribuna... Irrumpieron los piratas. Vencieron. El Capitán felicitó a Espada Cortada por sus valerosas hazañas. Ni el rey pudo seguir contemplando la venta de esclavos ni el doctor continuar sus investigaciones.


Caminos inescrutables


Los inescrutables caminos de Dios

Antonio García Velasco



La gran dosis de ternura que el joven sentía por la bella niña quería manifestarse en forma de poema. Lo consiguió al fin, pero un poema como aquel, en contra de lo esperado, causó la risa y un sonrojo burlón en las mejillas. Mas peor fue la guerra. Ella murió en un bombardeo... Todo era ahora un recuerdo tristemente inolvidable, ¿quién le diría que fuese a vivir tales escenas de pánico? A Dios se consagró. De sus experiencias, sufrimientos y observaciones presentes saca los temas y los ejemplos para preparar sus sermones y, de ese modo, se ha convertido en el predicador más sabio y famoso de la ciudad. A las niñas bellas, no obstante, las contempla con nostalgia.


viernes, 9 de diciembre de 2016

La competición


La competición

Antonio García Velasco




UN muchacho del pueblo vecino iba pregonando que él sería el ganador, pues se había entrenado durante muchos meses para vencer a cualquier competidor. Su pueblo, según explicaba, era más del futuro que del presente. Más de los sueños que de los despiertos. Pero ello no había impedido su entrenamiento y estaba seguro de ganar.  Se tendría que enfrentar con el pescador obligado a cambiar de oficio por el extraño ser que lo arrastró al fondo del río mientras le explicaba: "Soy el espíritu de las aguas del río y estoy cansado de que todos los días me arrebates varios de mis peces". El pescador le había respondido, a modo de excusa y justificación: "Necesito pescar para comer". "Pues desde hoy te buscas otro oficio, porque debo hacer cumplir las directivas de Bruselas sobre la preservación de los peces de este hábitat fluvial. De lo contrario, no te dejaré abandonar el fondo de este cauce". Así fue como, para cambiar de oficio, el pescador decidió enfrentarse con el recién llegado del pueblo antiguo o futurista. Y... ¿qué pasó entonces? En toda competición hay siempre un ganador. Se admiten apuestas. Al muchacho la amiga tuvo que enseñarle el modo de abanicarse de manera eficaz. El pescador estaba suficientemente acostumbrado al calor y no tuvo necesidad de abanico.


La frontera


La frontera de quien llegó antes
 Antonio García Velasco
Al llegar a la isla tras el hundimiento de su barco, tuvo un fuerte encontronazo con el náufrago anterior. Éste se había posicionado como dueño y señor; había colocado una barrera en la playa a modo de aduana y exigía un visado para entrar o una fuerte suma de dinero para los trámites de regularización de papeles. Fue inútil explicar que su barco se había hundido y con el hundimiento había perdido todas sus pertenencias, incluidos documentación y dinero. Era una isla ridícula, aunque suficiente para la convivencia de dos personas que, sin duda, estarían esperando la llegada del buque de los tiempos mejores que los devolviese a ambos al mundo civilizado.
"Te recluiré en el Centro de Internamiento de extranjeros", anunció el náufrago primero, armado con el fusil de cerrojo que le daba la superioridad. Lo ató a la palmera con la correa que sus pantalones. "Esta tierra es mía porque llegué el primero". "La soledad te ha hecho perder la razón", contestó el segundo náufrago. La respuesta del otro fue propinarle un brutal culatazo en la boca. "Te acusaré de malos tratos". "Deja de decir sandeces: yo soy la autoridad en esta tierra Y no admito críticas ni posturas rebeldes. De lo contrario, ya te estás repatriando". Guardó silencio el náufrago número 2, aunque pensaba: "Es ridículo. Entre los dos podríamos incluso construir una balsa que nos sacara del aislamiento. Ha perdido la razón". Lo peor de todo es que, muy pronto, también él comenzó a desvariar.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Carrera libre


Guillermo Corre Libre

Antonio García Velasco



No era un monito saltarín. Se trataba de Guillermo Corre Libre, un joven alocado e inmaduro que siempre iba con prisas, raudo como el viento huracanado. Un día quiso asistir a un espectáculo teatral y, al entrar con sus bullas habituales, la sala se transformó en enredo enloquecido, como el de un mercado en vísperas de fiesta. Nadie encontraba explicación para lo que ocurría y, como la función no comenzaba, las protestas fueron creciendo. El primero que se aburrió en la espera fue Guillermo Corre, que, corriendo, abandonó el local. Volvió la calma de modo tan inexplicable como había comenzado el alboroto.
La tragicomedia, fantástica, terminó cuando ella, la protagonista, harta de sometimientos y fatigas, después de pensarlo más de dos veces, le dijo al águila de los sueños "Llévame en tu lomo" y el animal la aceptó como huésped para dejarla junto a Guillermo Corre Libre.

martes, 6 de diciembre de 2016

Amor platónico


Amor platónico

Antonio García Velasco


POR aquellos años, construyeron los padres de la graciosa, hermosa, tierna Clarisa una mansión espléndida y él pensó que tendrían casi tanto caudal como ella hermosura. Era hija única y sería la heredera. "Pero soy un humilde monstruo de Frankenstein. Feo, deslavazado, lleno de burdos costurones... Imposible enamorarla. Imposible reproducir la historia de la bella y la bestia. Imposible entonar juntos canciones de amor... Me resigno... Y seguiré reconcomido por la tristeza hasta el fin de mis penosos días".