sábado, 10 de febrero de 2018

41 La rosa del parque


La rosa del parque

Antonio García Velasco



Cada vez que lo entrevistaban en la televisión, transcribían sobre su imagen las palabras de su farfulleo, pues, ciertamente, no hablaba, farfullaba. Tenían contratado a un especialista para que descifrara lo que quería decir. Sin que se enterara, pues temían que pudiera enfadarse y no concederles más entrevistas. Cierto que el farfulleo, como el tartamudeo, es un trastorno de la frecuencia, del ritmo, de la fluidez del habla. Normalmente se da en los niños y resulta raro llegar a la edad adulta y seguir con semejante trastorno. Él había pasado los veinticinco y farfullaba. Algunos de sus admiradores lo justificaban alegando que su pensamiento iba mucho más deprisa que la articulación de sus palabras, lo que producía su habla rápida y atropellada. Otros sostenían que, en realidad su cerebro no había madurado en la misma proporción que su habilidad con el balón y que, con tanto dinero como ganaba, bien podría contratar los servicios de un logopeda que le enseñara la correcta vocalización. La ortología es una especialidad lingüística o logopédica. Como se quiera.



-Venaquímuchacho -farfulló un día que paseaba por el parque.

El joven lo entendió por los gestos más que por el sonido de sus palabras. Se acercó a quién lo llamaba. Quedó paralizado al descubrir que se trataba de Taden, el considerado entonces como el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos.

-Cortaunarosa -señaló al rosal próximo- yselallevasdemiparte aaquellaseñoritasentadaenelbanco, laqueleeunlibro.

-¡Qué!

-Noquieromecacenamícortandolaflor... seríaunmalejemplo. Peroquiero obsequiaralachica. Megusta.

El muchacho terminó comprendiéndolo y, tratándose de un ídolo del deporte, aceptó la proposición.



-De parte de Taden -dijo a la lectora, ofreciéndole la rosa.

-¿Taden? ¿Quién es Taden?

-Aquél -dijo el oferente-. Es el mejor futbolista del mundo -añadió bajando la voz.

-No entiendo.

-¿No le gusta el fútbol, señorita?

-No entiendo de fútbol. No me ha interesado nunca.

Mientras tanto, el deportista se fue acercando a la escena.

-Muy...muy.. buenas -dijo haciendo un gran esfuerzo para no hablar atropelladamente, aunque se le notaba el nerviosismo-. Disculpe... lohemandadoyo. Quiero obserquiarla.. con... unarosa...

-¿Por qué? -preguntó ella con escepticismo y gesto de incomprensión.

-Porquesí... Sinole importa.

El muchacho comprendió que ya nada hacía allí, dejó la rosa sobre el banco e hizo el gesto de retirarse.

-Espera -exhortó Taden-. Sacó del bolso una foto suya, la firmó y se la ofreció al zagal, junto con un billete de cincuenta euros-. Gracias, muchasgracias.

No lo dudó el joven. Recogió el regalo y se marchó contento: "Gracias, Taden. Suerte".

-Noesligue. Me gusta... gustaría... hablar... conusted.

Ella dijo: "No me gusta el fútbol ni me gustan los tatuajes". Se fijaba en los brazos del jugador.

-Tampocomegustaamileer -farfulló-. Bueno, sí, unpoco.

-¿A quién puede no gustarle leer? Leer es alimento para el cerebro y el pensamiento -sentenció ella.

Él recogió la flor abandonada por su recadero y se la volvió a ofrecer. Ella aceptó y se puso de pie.

-¿Seva?

-Gracias -respondió llevándose la rosa a la nariz.

-¿La...la...puedoacompañar?

Iniciaron el paseo.



Pasado un tiempo, Taden se borró los tatuajes en una clínica láser especializada y mejoró su habla. Leía libros incluso en el autobús camino de los entrenamientos. Laura Benítez accedió a asistir a los partidos de fútbol. La rosa del parque quedó disecada entre las páginas del libro cuya lectura acabó aquella misma tarde.


3 comentarios:

  1. Este relato me recuerda a un proyecto de novela que habría de titularse: "El futbolista y el poeta". La historia divergente y luego convergente de dos amigos de la niñez.
    En una pareja, la complementariedad con ánimo de conocer mundos distintos para compartir constituye un fuerte cimiento de convivencia duradera y armónica. Lejos de querer cambiar al otro, que se sitúa más cerca del egocentrismo, la curiosidad aludida representa una faceta de la libertad. El amor necesita el respeto al libre albedrío como nutriente esencial.

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  2. ¿Llegarían a un entendimiento el futbolista y la lectora? ¿Qué movió a Laura a ir al fútbol a verlo jugar? ¿Qué llevó a Taden a borrar sus tatuajes y a leer? ¿El amor? ¿Por cuánto tiempo el amor?

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  3. La incertidumbre, global o en matices, de nuestras decisiones nos acompañará siempre como una sombra inherente a ellas. Aun así, cada etapa de nuestra vida exige elecciones personales. Luego, viene asumirlas o rectificar. Lo que no podemos permitirnos es permanecer en la inacción y que el tiempo nos pase por encima como un rodillo. La vida entraña decisiones. Constituyen su esencia.

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