domingo, 14 de enero de 2018

14 La azagaya, un arma arrojadiza


La azagaya, un arma arrojadiza

Antonio García Velasco



De modo imprevisto y, por supuesto, sorprendente, la azagaya pasó rozándome la oreja izquierda. ¿Su procedencia? La azagaya es un arma arrojadiza que ya usaron los hombres primitivos. Dije:

-No puede venir de la prehistoria.

Mi amiga Marta se echó a reír:

-Imposible.

Respondí:

-Misterios hay más sorprendentes.

Contestó:

-Deliras.

Pero, allí estaba el hombre primitivo, agazapado tras el seto del parque. ¿Un viajero en el tiempo lo había traído a nuestro siglo? ¿Era, acaso, un escapado de la Amazonia? ¿Se trataba de un loco disfrazado y temerario? ¿Y por qué me había disparado a mí, precisamente a mí? ¿Un actor que bromeaba o confundía su papel con la vida real? ¿Un miembro de una murga, comparsa, chirigota o coro carnavalesco que va o viene de los ensayos y ha querido llamar mi atención?

-Ven, ven -dije y el primitivo, o disfrazado de tal, al percatarse de mis gestos y mis voces, escapó en alocada carrera .

Recogí la azagaya que se había clavado en un árbol. Se la llevé a mi amigo Adolfo Frías, historiador y especialista en indumentarias, costumbres y armas prehistóricas.

-Es un arma primitiva, sin duda -sentenció-. ¿Dónde la has encontrado?

-Un salvaje o neandertal me la arrojó con presuntas aviesas intenciones.

-No digas tonterías.

-Te aseguro que, si no lo era, me lo pareció. Y a mi amiga Marta, también. El arma pasó rozando mi oreja.

"Un hombre con todas las trazas de primitivo, que andaba desconcertado y aterrorizado por la ciudad, ha sido detenido por la policía, que investiga su procedencia", era la noticia que daba en aquel momento la televisión, mostrando un elocuente vídeo.

-No me lo puedo creer -dijo Adolfo.

-Yo tampoco.




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